VISUS MILITIS “EL RECONOCIMIENTO DEL VALOR” General Adolfo Coloma Contreras(R.)

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El soldado veterano

No ha de tener el militar otra ambición que la satisfacción del cumplimiento de su deber, ni más aspiración que el reconocimiento de los servicios prestados. Cuando estos exceden el límite de lo humanamente exigible,  especialmente en el campo del valor,  el militar se hace acreedor a una condecoración. Por lo general, no va acompañada de remuneración alguna, pero es mucho más que un simple trozo de metal colgado de una cinta. Es el reconocimiento de la Institución armada a unos hechos extraordinarios, aunque su concesión a veces se ve impregnada de tintes políticos. En cualquier caso aporta al condecorado algo muy singular en el oficio de soldado: prestigio

Las máximas condecoraciones con las que tradicionalmente se premiaba el valor frente al enemigo de los militares de cualquier rango  son la cruz laureada de San Fernando, que premia el valor heroico, y la Medalla Militar, que lo hace al valor muy distinguido.  En el año 2007 murió el General Adolfo Esteban Ascensión que era el último militar vivo condecorado a título individual con la Cruz Laureada de San Fernando. Unos años antes habían sido incorporados a la Real y Militar  Orden de San Fernando a los condecorados con la Medalla Militar al objeto de revitalizar la Orden para evitar que se extinguiese. A pesar de ello, quedan en la actualidad apenas 8 militares condecorados con la Medalla Militar Individual.

El nuevo reglamento de la Orden de San Fernando contempla no solo la posibilidad de ser merecedor de ambas condecoraciones en campaña o frente al enemigo, sino que manteniendo consideración de “heroico” el valor extraordinario en las acciones excepcionales que, con relevante esfuerzo y riesgo inminente de la vida propia, se realicen al servicio de la patria, de la paz  o de la seguridad de la comunidad internacional; y de valor “muy distinguido”  el que sobresale muy significativamente del valor exigible a cualquier militar en el desarrollo de operaciones armadas.  En  cualquier caso, para su concesión se requiere el reconocimiento de las operaciones en las que participan los militares como “operaciones armadas”.

No se trata pues de fomentar arbitrariamente la concesión gratuita de condecoraciones por mor de mantener viva la Orden, sino de reconocer ciertos méritos – singularmente el valor – porque es propio y casi exclusivo de la profesión, y como prescriben las Reales Ordenanzas para las FAS, Su reconocimiento público representa una satisfacción para el que lo recibe, un estímulo para la unidad de la que forma parte y un ejemplo para todos.

Adolfo Coloma

General de brigada (R) del ET