Viaje a Comayagua

A view of the camp at Yamales where ONUCA (the United Nations Observer Group in Central America ) soldiers demobilized the Nicaraguan resistance forces.

A view of the camp at Yamales where ONUCA (the United Nations Observer Group in Central America ) soldiers demobilized the Nicaraguan resistance forces.

Magníficos los programas que recientemente ha realizado RTVE sobre las actividades de las Fuerzas Armadas, en diferentes escenarios como el Indico, el mar Báltico o África. Sin duda, buenos reportajes que trasladan al televidente con precisión la labor de sus ejércitos. Lástima que el horario no fuera el más adecuado pero, bueno, algo es algo.

Trato hoy aquí sin embargo la labor de otros militares que incrustados en organizaciones internacionales como la ONU o la UE han desarrollado, en los últimos años, también en misiones, a veces con grave riesgo y ciertamente exitosas. Misiones desarrolladas en Angola, Mozambique, Bosnia o Centroamérica, hoy algo en el olvido o en la ignorancia. Hablar de militares españoles en esas misiones me lleva en primer lugar a recordar a aquellos capitanes prisioneros y rehenes del ejército serbio, en la década de los 90, que fueron noticia de portada al ser utilizados como escudos humanos encadenados a un puente para disuadir de los bombardeos de la OTAN. Y hablar de estos militares me lleva a recordar la soledad en la que se movían; en efecto, la gran diferencia entre la actuación de estos hombres, observadores militares de la ONU o de la UE, y las de otros incrustados en sus unidades es manifiesta. Hombres actuando sólos o a lo sumo en parejas han escrito historias que son desconocidas. Y sé bien de lo que les hablo por la sencilla razón de haber participado el que suscribe de ambas experiencias. Y a eso voy porque lo que sigue es un relato personal que no figura en ningún expediente o cuaderno de bitácora de ninguna unidad por ser eso sólo: experiencias personales que la  mayoría de las veces quedan en el bagaje de cada uno. A nadie le gusta por pudor el relatar vivencias personales de las que muchas veces sólo es conocedor la propia persona. Pese a ello, hoy, les voy a hablar de un viaje peculiar a Comayagua.

o1 001Comayagua es una ciudad hondureña situada a unos 100 km de la capital Tegucigalpa. Tiene un pasado colonial que se evidencia en varias de sus iglesias antiguas, una impresionante catedral, plazas coloniales y museos interesantes, conforme a su devenir histórico desde que fuera fundada por el capitán español, Alonso de Cáceres en 1537.  Y es muy conocida también por su Semana Santa, momento en el que esta ciudad se convierte en la capital del turismo religioso de Honduras. “De sus templos emana el aroma a incienso y el fuego titilante de las velas calienta la fe de miles de feligreses que buscan sosiego espiritual recordando la pasión, muerte y resurrección de Cristo.”

Pues bien, por esas tierras hondureñas y nicaragüenses, allá por 1989/90,  un elevado número de oficiales de las Fuerzas Armadas Españolas fueron protagonistas importantes en la implantación de las medidas de pacificación que trajeron la paz a Centroamérica, una región sumida en la guerra y la tragedia desde hacía muchos años.

Así es, la Resolución 644 de 7 de noviembre de 1989 creó el Grupo de Observadores de las Naciones Unidas en Centroamérica (ONUCA) con la finalidad de verificar el cese de la ayuda a las fuerzas irregulares y movimientos insurreccionales en la región así como la no utilización del territorio de un Estado para agredir a otros. En esta operación destacó con fuerza la iniciativa y personalidad de cada uno de los componentes del grupo  toda vez que, desde el primer momento de la llegada a la zona, los españoles fueron dispersados y ubicados en  lugares dispersos de la geografía centroamericana. Allí partiendo de la nada crearon Centros de Verificación desde los que actuar y ya digo, reitero, que las más de las veces la actuación era personalista y por tanto muy ligada a la iniciativa personal de cada uno.o2 001

Pero vayamos ahora a la cuestión, objetivo de este breve relato: decidida la desmovilización de la resistencia nicaragüense, más conocida como la “contra”, el proceso de destrucción de las armas que entregaban fue una tarea ardua que en ocasiones requirió el empleo de explosivos; explosivos de los que carecía la ONUCA y que fue necesario adquirir sobre el terreno.

Se contactó con una empresa cementera, precisamente ubicada en la ciudad citada de Comayagua, y tras diversas gestiones se compraron 300 kg de explosivos, cinta explosiva y detonadores. Sólo restaba ir a recogerlos, transportarlos y entregarlos en los puntos de desmovilización, una tarea fácil de realizarse si ONUCA hubiera dispuesto de unidades organizadas para el apoyo logístico y para la escolta consecuente en este tipo de operaciones, más aún dada la situación imperante en la zona; téngase en cuenta que por la ruta a recorrer existían aún partidas de guerrilleros sin control, lo que suponía un nada despreciable riesgo. Pero el caso es que allí las cosas se desarrollaban siempre de una manera un tanto peculiar y que hoy desde la perspectiva de recordar y escribir sobre esto se le ponen a uno los pelos de escarpia.o3 001 En efecto, aún recuerdo como desde el Estado Mayor nos llamaron a dos comandantes españoles y simplemente nos dijeron: “mañana vais a Comayagua, recogéis los explosivos y los entregáis a otro equipo que se encontrará en la población de Danli”, ya en Nicaragua. Inmediatamente estudiamos el itinerario a recorrer y revisamos nuestro magnifico Toyota “land cruiser” con la única protección como escolta de nuestras boinas azules y el color blanco del vehículo, ambos símbolos identificativos de las NNUU. El caso es que ya listo y preparado para partir recibo por parte de mi compañero la extraña petición de eximirle de acompañarme. La razón alegada, y que hoy recuerdo con una enorme sonrisa, no era otra que la de encontrarse embebido en amores con una guapa hondureña y que le era inevitable el dejar de pasar la ocasión de pasar con ella uno o dos días a modo de asueto. No acabé de entender la excusa pero el caso es que me convenció y por lo tanto emprendí la misión en solitario. Al fin y al cabo era una tarea sencilla y no ví mayor problema en acceder a sus deseos. Ignoro cómo estará hoy la ruta en cuestión pero por aquellos días les aseguro que se trataba de una carretera infernal, asfaltada sólo en parte y llena de baches como hoyos.  Cierto es que antes de llegar a zona habíamos  recibido en España cursos de conducción todo terreno y habilidades para solucionar pequeñas averías pero aún así uno no las llevaba todas consigo al viajar en solitario por aquellas rutas centroamericanas; pero el caso es que la fortuna me acompañó y llegué sin mayor contratiempo a la cementera de Comayagua. Allí, y ante la cara de asombro de los operarios de la fábrica, introduje los 300 kg de explosivos en el maletero, la cinta explosiva debajo del asiento trasero y los detonadores en la guantera emprendiendo sin más dilación el itinerario de vuelta. Apenas habían transcurrido 20 km cuando tuve el primer incidente al ser interceptado en la susodicha carretera por un grupo de unos 10 hombres uniformados y armados que tan sólo solicitaban que les trasladara a las cercanías de Tegucigalpa. o4 001Si eran soldados o guerrilleros nunca lo supe pero el caso es que no ví otra opción que acceder y allí reemprendí la marcha, esta vez con mis explosivos y esta llamémosla peculiar escolta. Ya en las cercanías de la capital desembarcaron y se adentraron en la serranía cercana desconocedores del equipaje que yo portaba en el Toyota. Desde luego la suerte me sonreía. Atravesé Tegucigalpa, me acordé de mi amigo enamorado y continué hacia el sur con la intención de atravesar la frontera y dirigirme hacia Danli. Una vez ya en Nicaragua, y bajo un insoportable calor, a través de una carretera de tierra roja llena de pedruscos, me tuve que detener ante la presencia de un seudo río donde el puente que un día debió existir había desaparecido.  Descendí del vehículo para reconocer un lugar por donde poder vadearlo y desde luego no lo ví nada claro. Ya casi anochecía y cuando ya estaba decidido para darme la vuelta sucedió lo inesperado. Me froté los ojos ante lo que no podía creer ya que lo que apareció fue un Citroën amarillo 2CV en el que viajaban dos monjas españolas que también se dirigían a Danli. La presencia española en América sigue ahí. Ya no son conquistadores ni gallegos emigrantes pero sí infinidad de religiosos, sacerdotes o monjas que pululan por esos mundos de Dios. o5Y ahí, en ese rincón del mundo tan lejano visto desde aquí, en un atardecer que amenazaba lluvia torrencial, dos monjas españolas, un militar español y un montón de explosivos lograron pergeñar una especie de puente a base de piedras y troncos y finalmente vadeamos el río. En una zona ya cercana a los centros de desmovilización, y por lo tanto sin duda ya infestada de invisibles columnas guerrilleras de la “contra”, pero sin duda presentes, reemprendimos la marcha en columna ambos coches hacia nuestro común destino. Y llegamos, por fin, sin novedad, después de doce horas, si bien en este último tramo el comandante español y sus explosivos con una escolta no de un pelotón armado sino de dos monjas también españolas. Una vez entregado el cargamento desvelé a las monjitas cuál era el material al que habían escoltado. Me sonrío aún al recordar su cara y su respuesta: “pero, hombre de Dios, vds. los militares españoles están locos” a lo que yo les respondí: “pues anda que vds las monjas españolas ni te digo. Mira que atravesar estas tierras sólas y en un 2 CV “.o6

Y termino ya este recordado relato. Una “aventurilla” que no reviste mayor interés que el mostrar siquiera, a modo de ejemplo, lo que los militares españoles hemos hecho durante los últimos 35 años. Lo que las unidades han ejecutado allá donde hayan estado se puede saber mediante la lectura de los libros de operaciones, pero lo que a título individual han hecho, sobre todo en el caso de los observadores de la ONU o de la UE, queda como ya dije antes, en el bagaje individual de cada uno.

Lástima que pasen al olvido.

General de División Juan Chicharro Ortega