Secesión y Constitución

REY

SM. El Rey

En la confusa situación política actual, y al hilo del evidente  vacío de poder en el que se encuentra España, los secesionistas catalanes de ‘Juntos por el si’ y la CUP, a instancias de la Presidenta y la Mesa del Parlamento catalán, se  declararon ayer en franca rebeldía contra el Tribunal Constitucional y acordaron  con la mayoría de la Cámara la “desconexión” catalana del Estado al margen de la legalidad.

Ante esta noticia lo primero que me ha venido a la mente es el recuerdo de la última orden que el Almirante Nelson impartió en los prolegómenos de la batalla de Trafalgar: “Inglaterra espera que todo el mundo cumpla con su deber” y es ahora cuando los españoles esperamos que en este momento  nuestro Gobierno e Instituciones sepan estar a la altura de sus responsabilidades constitucionales.

PUIGDEMONT

PUIGDEMONT

El Sr. Puigdemont y las Instituciones catalanas contravienen explícitamente el art. 9 de la Constitución que dice que “los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico”. Su actitud los coloca en una clara posición golpista, porque todo aquel que propugna la ruptura de la unidad nacional y la fractura de la integridad territorial choca frontalmente contra la propia Constitución. Lo que algunos denominan proceso soberanista los sitúa fuera del imperio de la ley y lo malo es que, hasta el momento, no tiene consecuencia alguna, lo que resulta no sólo lamentable sino inconcebible e ininteligible.

Obvia explicitar los movimientos continuos, evidentemente sediciosos, del actual Presidente de la Generalitat de Cataluña y del Parlamento catalán con la única finalidad de romper España y proclamar la secesión de Cataluña de nuestra secular nación. Los múltiples intentos de razonar que se les hacen llegar desde todas las instancias posibles han caído en saco roto.

CUP

CUP

La hipotética secesión de Cataluña sería un atentado contra la Patria pero también contra la Constitución. Para que esta acción pudiera ser legítima, desde un punto de vista jurídico, sería necesaria una reforma del Título Preliminar de la misma, lo que supondría una reforma o modificación profunda de la Constitución y sólo la Nación es soberana para hacerlo, o sea, es el pueblo español -todo el conjunto, no sólo una de sus partes- el único que tiene la palabra para hacerlo. De no darse estas condiciones, y no lo estamos, estaríamos ante un golpe de estado, quebrándose el orden constitucional.

Esto es obvio y quizás por eso hay quien propugna reformas constitucionales o hipotéticos procesos constituyentes que posibilitaran lo impensable. No sé por qué me huelen mal todas estas proposiciones. Supongo que los insidiosos, Puigdemont y compañía, ante la situación que plantean, saben que el Gobierno es responsable de la defensa del Estado y que, por otro lado, el Rey es el símbolo de la unidad y permanencia de la nación. ¿Acaso piensan que llegado el momento ambas instituciones no actuarán conforme a sus responsabilidades? Da la impresión de que así es y por eso persisten “erre que erre” confiados en que la debilidad actual tanto del Gobierno como de la Corona, propicien que se cumplan sus sediciosos anhelos.

Constitucio del Parlament de Catalunya, Barcelona 26.10.2015 Foto PERE VIRGILI Diari Ara

Pues bien, yo les diría a estos señores  que vayan olvidándose de que se dé una situación tal como la que desean y promueven, pues de ser así nos encontraríamos ante un fallo multiorgánico del sistema, impensable para mí, y que daría lugar a otras actuaciones nada deseables, y dicho sea de paso, también previstas en la Constitución: no hay letra pequeña, intenciones ocultas, ni doble fondo, todo está en la Carta Magna, y bien claro.
Ya lo he comentado: ni la Corona ni el Gobierno ni el Tribunal Constitucional van a posibilitar nada parecido a las fantasías de los Sres. Puigdemont y Oriol Junqueras, pero ya va siendo hora de no apurar todas esas alucinaciones, pues no van a dar lugar a otra cosa que no sea el desorden social que ya están propiciando.

Sin duda la Corona cobra especial protagonismo en nuestra historia una vez más. A ver, España es plural y diversa. Una larga historia ha forjado sentimientos comunes pero es indudable que existen sensibilidades también diferenciadoras producto de las diferentes culturas e incluso lenguas habladas en nuestra Patria. Basta con conocer y recorrer España para constatar esto que digo. Son muchos los políticos que, imbuidos de un fuerte centralismo, -a la francesa- ignoran u obvian esta realidad, lo que en muchas ocasiones ha propiciado conflictos que no deberían nunca haberse producido de haber comprendido la España plural. Es volviendo de nuevo los ojos a la historia cuando uno se percata de la tremenda fuerza de cohesión que la Corona proporciona en el devenir de una nación como España.

El papel aglutinador de la Corona ha sido un eslabón importantísimo en la historia de nuestra Patria y ahora nos encontramos en unos momentos en los que esta fuerza es más necesaria que nunca. La España de hoy es una España donde las regiones reclaman su personalidad propia, en algunos casos con mucha fuerza y muchas veces, también, reinventando, y falseando la historia, hasta límites inconcebibles e indignantes con el consiguiente riesgo de una ruptura que nos trasladaría siglos atrás.

La Corona aporta un vínculo de unión entre todas las regiones de España que no tiene parangón con ninguna otra entidad pública en ningún ámbito. Y además hay un hecho diferenciador fundamental frente a las demás instituciones del Estado, muchas veces desconocido -por ignorancia las más, por maldad las menos- que es su desvinculación de la política y los políticos de turno. El Rey está por encima de ellos y juega un papel estabilizador y de marco de referencia. Igual que en unos ejes coordenados se puede dibujar la curva que se quiera, a derechas, izquierdas o centrada, según épocas, opiniones y corrientes más o menos consolidadas, no cabe duda de que lo que posibilita su nítido perfil y análisis posterior en el propio marco de referencia.

La Corona es una Institución pero está personificada por una persona de carne y hueso y muchas veces si ésta no se corresponde con el objetivo de aquélla su función puede verse afectada. Pero España tiene hoy la inmensa suerte de contar con un Rey que comprende la diversidad de culturas que conviven en nuestra Patria grande, España, y que, respetuoso con cada una de ellas, siente como todas son una.

Nadie puede pensar otra cosa y los dirigentes catalanes a los que se les supone una cierta inteligencia -es un decir- deberían ser conscientes del grave paso que están dando y que me temo que si persisten en esa peligrosa senda acabarán bajo la implacable acción de la justicia, ya por cierto necesitada de algún antídoto contra el letargo, demasiado largo. Va siendo hora ya de que el Gobierno, con toda la fuerza que le da la Constitución, pare ya, de una vez por todas, este costosísimo y larguísimo viaje… a ninguna parte.

Sí, ya va siendo hora. Ya está bien.

En el ámbito militar una de las primeras cosas que se estudia en estrategia es evitar que el enemigo abra una brecha en nuestras filas, porque luego es muy difícil de cerrar: pues bien, ni Cataluña es el enemigo -todo lo contrario- ni nuestras filas son distintas de las suyas, pero la brecha existe y es demasiado ancha y profunda. Más vale tarde que nunca.

BANDERA DE ESPAÑA

La Bandera de España

Lo siento por ellos, pero no van a poder con España y ya va llegando el momento de la verdad en que alguien les diga, como a los niños malos, que ha de ser por las buenas pero si se empeñan en seguir por la misma senda tendrá que ser por las malas.

Nos encontramos ante la evidencia de un claro cuasi golpe de estado y ante esta situación la época de los “Don Tancredo” ha llegado a su fin,

Sí. Recuerdo nuevamente a Nelson: Inglaterra espera que TODO el mundo cumpla con su deber.

VIVA ESPAÑA Y VIVA EL REY

General de División de Infantería de Marina Juan Chicharro Ortega (R.)