REFLEXIONES EN TORNO A LA UNIDAD Y LA DIVERSIDAD

f6Tengo un buen amigo que sostiene que, en la guerra psicológica, la primera batalla que se gana (o se pierde) es la de la semántica. Cuento esto al hilo de la importancia que tiene el llamar a las cosas por su nombre. Por ejemplo: en la larga lucha contra la organización terrorista ETA, las cosas empezaron a cambiar cuando en los medios de comunicación dejaron de referirse a sus secuaces como “activistas” a sus grupos “comandos” y a sus actividades “insurrección” para llamarles sin pudor por su nombre: “banda de asesinos terroristas”.

En la organización militar todas las entidades, con independencia de su tamaño, situación en la escala jerárquica, pertenencia a la línea o al staff, todas ellas tienen un nombre común: “Unidad”. Desde las más elementales, como la escuadra, la sección (o trozo, como lo denominan en la Infantería de Marina), la compañía, el buque o el escuadrón, todas son “unidades” militares.

F! Y no me negarán la poca relación que tiene una unidad naval, por ejemplo un buque, con un batallón acorazado o un escuadrón de vigilancia aérea. Sin embargo, todas constituyen una “unidad” lo cual, enlazando con la afirmación de mi amigo, no le proporciona simplemente un valor semántico. Es algo mucho más profundo y significativo. F2Confiere a todos los individuos que sirven en ella un cierto carácter a la vez aglutinador y distintivo. Aglutinador, porque convoca orgullosamente a todos sus miembros en el propósito de la misma, les aporta un sentido de pertenencia inmediato fomentando valores como el compañerismo, lealtad, disciplina y en definitiva le proporciona una muy beneficiosa cohesión. También tiene un positivo valor distintivo pues identifica a todos los miembros de tal unidad frente al resto por sus manifestaciones externas, como por ejemplo, la uniformidad, sus símbolos característicos: guiones y banderines. Sus tradiciones, himnos, aniversarios etc.

Unas y otras están bien recogidas, y amparadas por las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas. Este texto legal, aprobado por RD 26/2009 , aun cuando está despojada de su carácter primigenio regulador de los derechos y deberes de los militares superada por el conjunto de leyes sobre la carrera militar, la enseñanza, personal, si conserva el estilo de código deontológico para los militares está plagado de referencias al concepto de “unidad” al que me vengo refiriendo: f3

  • Se esforzará en que con su aportación personal su unidad, de la que se sentirá orgulloso, mantenga los mayores niveles de preparación, eficacia, eficiencia y cohesión (Art. 22)
  • Conservará y transmitirá el historial, tradiciones y símbolos de su unidad, para perpetuar su recuerdo, contribuir a fomentar el espíritu de unidad (Art. 23)
  • Fomentará el espíritu de equipo para aumentar la cohesión de su unidad y la convergencia de esfuerzos con el fin de alcanzar el máximo rendimiento individual y de conjunto. (Art. 72)
  • El militar tendrá muy presente que con su actuación contribuye a elevar la moral de la unidad (art. 105)

Todo ello nos lleva a reflexionar sobre esa tendencia, casi diríamos “obsesión” de definir a cada ente orgánico u operativo como una unidad en sí misma. ¿Qué aporta tal consideración? Los que hemos vivido la milicia por dentro, encontramos muchas – y buenas – razones para ello. Desde el entorno más inmediato, esa idea de “unidad” se traduce inmediatamente en “equipo” y a mayores niveles nos sugiere un conjunto de esfuerzos coordinados y convergentes al mismo fin.

Por otro lado, las unidades, no tienen por qué ser todas uniformes. Por el contrario, son necesariamente diversas por muchas causas, desde las geográficas pasando por las técnicas, históricas, las especializaciones y otras más o menos coyunturales. f4 Y Esta diversidad tiene múltiples manifestaciones, en la uniformidad, tradiciones, formas externas e incluso códigos de conducta recogidos en los espíritus, decálogos, credos que ennoblecen muchas de esas unidades, que les confieren una particular idiosincrasia que en nada merman las normas recogidas en las Reales Ordenanzas, sino que las potencian. Podríamos concluir sintetizando por lo breve las dos ideas sobre las que venimos reflexionando: Cómo contribuir a la Unidad desde la diversidad. ¿Y no es esta misma reflexión exportable a la realidad española?

Si en medio del solaz veraniego ha llegado hasta aquí, amable lector, y me acompaña en esta reflexión, puede que le asalte esta idea: ¡Es que España no es un cuartel! Y no le falta razón, ni tampoco pretendo llevarle por esos derroteros. Pero de la misma forma que el mundo militar desde siempre – y aun más en nuestros días- ha aportado muchas cosas al progreso de la sociedad a la que sirve y de la que forma parte ¿Por qué renunciar a considerar esta aproximación desde la perspectiva militar a la hora de arbitrar soluciones a los retos que nos plantean los tiempos que vivimos? 

f5Disciplinas como la estrategia o la logística, valores como el compromiso, el esfuerzo, el compañerismo o la lealtad, sin ser exclusivos de las fuerzas armadas, forman parte de su ADN y están siendo importados por el mundo empresarial en sus procesos de selección de personal, en sus modelos organizativos y otros aspectos ¿Por qué negarse a aplicar estos valores, singularmente el de la unidad en la diversidad, a la panoplia de soluciones para afrontar los problemas que nos acucian?

f6Esta es, amigos, la reflexión veraniega de un hombre que se ha pasado la vida entrando en su lugar de trabajo, en su cuartel, en su unidad, en definitiva en su empresa bajo el lema “TODO POR LA PATRIA” y aun hoy, sigue creyendo en ello.

General de Brigada (R.) Adolfo Coloma Contreras)

7 Agosto 2015