¿QUIERES SER MILITAR?

IMG_4421La vida es un ciclo continuo; se suceden una y otra vez las estaciones, así como los eventos asociados a ellas, siempre sin solución de continuidad. Y acorde con ellos los relatos consecuentes. Es así entonces que escribo otra vez en este mes de julio, un año más, al ver como cientos de muchachos y muchachas jóvenes se presentan al concurso-oposición para ingresar en los centros de formación para oficiales y suboficiales de las Fuerzas Armadas.

Sí, el número de opositores es ciertamente alto; sin duda, de una parte porque algo hay cierto en el hecho de que en tiempos de crisis la garantía de un trabajo fijo es tentadora. Ahora bien, ¿es ésta la única razón? Pues no, o al menos así lo veo yo, por extraño que pueda parecer. Y digo extraño porque la vida militar nunca ha sido un camino de rosas y hoy tampoco lo es.

Sí, hay otras razones más allá de la de la seguridad laboral y a ellas me refiero ahora.

IMG_4423La vida en la milicia exige ser desarrollada vocacionalmente pues no son pocos los sacrificios que conlleva y quien no esté dispuesto a hacerles frente difícilmente podrá sobrevivir feliz en ese mundo. Ser soldado implica servicio a los demás, al prójimo, a la gran familia tribal, en definitiva a lo que conocemos como la Patria, pero acorde con unos principios de vida que no están precisamente en boga hoy en día: el culto al honor, el respeto a la lealtad, la asunción de las jerarquías, el cumplimiento del deber, el compañerismo en grado extremo, y un larguísimo, pero no por ello menos importante etcétera, dentro del cual destacan, como rasgo distintivo, los hechos más que las palabras. Porque el militar no suele ser persona de muchas y aún menos de huecas palabras, sino de pocas -pero precisas y claras- y respaldadas por hechos tangibles. Por estos principios el militar auténtico puede estar dispuesto a dar incluso su vida, ejemplos en la historia hay por doquier, tanto en nuestra patria como en otros países de larga tradición castrense.

Y sí, son muchos los jóvenes los que comulgan con estos principios pese a que vivimos en una sociedad hedonista y no muy propicia a sacrificios personales. Yendo aún más allá, me atrevo a decir que en el mundo de la milicia, aún se mantiene, afortunadamente, el principio del binomio esfuerzo-recompensa, y en ese orden, pues igual que la causa precede al efecto, el esfuerzo, a veces heroico y agotador, es condición sine qua non, para la obtención de algún tipo de recompensa: a veces la simple pero profunda satisfacción interior por el deber cumplido. Esto, que puede parecer extraño hoy en día entre el sector más joven de la población de nuestro país, donde muchas veces se cobra o exige la recompensa sin haber hecho mérito alguno para merecerla es, a juicio de quien suscribe, uno de los pilares en los que se ha apoyado durante siglos el progreso y la fortaleza de una sociedad como la española, hoy con los fustes de dichas columnas algo agrietadas.IMG_4424

Hay otra perspectiva también, que, desde la atalaya de muchos años de servicio, vislumbro. La juventud, hoy al igual que siempre, está ávida de aventuras, no al alcance fácil de cualquiera. La querencia al riesgo es innata a los años jóvenes y qué mejor sitio que los ejércitos para encontrarlos. En las Fuerzas Armadas uno puede llegar a ser un experto paracaidista, un buceador de combate y de profundidad, un montañero y escalador avezado, un piloto de helicópteros o de caza, el sentir la vida en la mar tanto en superficie como en submarinos, y un sinfín de ejemplos a cual más variado. Un enorme abanico de oportunidades, sólo asequibles en los ejércitos, sumamente atractivas para todo aquél que busque, como ya he dicho, el riesgo o la aventura. Y si hablamos de esto último, liguémoslo además, también, a esa conocida frase de “alístate y conocerás mundo”. La profesión militar proporciona oportunidades mil.

A ver, quien les escribe aquí puede presumir de conocer los cinco continentes. No les voy a relatar la lista de países en los que, por razones exclusivas del servicio, he tenido la oportunidad de visitar y vivir, porque sería muy largo el hacerlo; y vaya por delante que pertenezco a una generación que ha vivido la milicia fuera de la OTAN durante muchos años, lo que dará una idea de las muchas más oportunidades, para los que ingresen hoy, en los ejércitos actuales y en el futuro. Incluso desde el punto de vista tecnológico también hay muchos aspectos que resultan apasionantes.

IMG_4426En definitiva, muchas son las razones que impulsan hoy a la juventud para incorporarse a las FAS y buena prueba de ello la tenemos en estos momentos a la vista.

Nada más lejos de mis intenciones que hacer proselitismo -esa es función del Ministerio de Defensa- pero no quiero ocultar mi entusiasmo y el orgullo de haber dedicado mi vida al servicio de mi Patria; además, el hecho de encontrarme en la situación de retirado me ha hecho volver la vista atrás y reconocer que la nostalgia de una vida pasada me ha conducido a recapacitar y autocomplacerme en lo vivido intensamente, y, de hecho, mi hoja de servicios refleja sin exagerar muchos de los trazos de la vida militar que he bosquejado brevemente en estas líneas. Y es una hoja de servicios en todo similar a la de cualquiera de los que un día hace 46 años escogimos el servicio a la Patria como una religión, como un anhelo de dedicación a nuestro pueblo, al ser humano en definitiva. Muchos se quedaron en el camino y dieron lo mejor de sí mismos. No están con nosotros pero a su honor nos debemos. ¿Qué menos podríamos sentir, que nuestra admiración y un intenso respeto que inspira nuestras almas?

Hoy mis sentimientos se trasladan a la profunda mar de aquellos años jóvenes a bordo del “Júpiter”, “Legazpi”, “Juan Sebastián de Elcano”, “Aragón”, “Castilla”, “Velasco” o el ”Conde del Venadito”, a las arenas y luces del Sahara español, a las selvas de Nicaragua y a las montañas hondureñas, a los bosques y valles de Yugoslavia, a las profundidades del mar Mediterráneo o a los cielos de España.IMG_4427

Pues sí, no lo pretendía, pero al final la nostalgia me ha llevado de su mano y estoy con William Wordsworth cuando decía que:

“Aunque nada pueda devolvernos
las horas de esplendor en la hierba,
ni de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque siempre la belleza
subsiste en el recuerdo”

Comprendo a todos los jóvenes que estos días aspiran a una vida similar. Saben que ricos -en dinero- no van a ser nunca, pero si la sienten, vivirán una vida intensa como pocas y, si no es así, piénsenlo varias veces antes porque podría ser un calvario si la actitud personal no está en sintonía.

Y termino estas líneas ubicado en una larga cola de jóvenes opositores a ingresar en los ejércitos, en la espera previa a la de la realización de las pruebas físicas, cuando observo no lejos de mí a otros jóvenes regresando seguramente de lo que ahora se llama ” botellón” tras una evidente larga noche . Lo siento, pero el desaliño y las malas formas que se desprenden de su presencia muestran un abismo de conducta social entre estos y aquellos difícilmente comparables. Aquí reina el saber estar y la disposición a los sacrificios que sean por alcanzar una vida honesta y honrada, mientras que en la fila de enfrente solo veo las ansias por el placer y la vida cómoda que seguro no lo será tanto pues sólo mediante el sacrificio se llega a la felicidad y al bienestar personal. Nuestra sociedad de la que formamos parte todos se encuentra afectada seriamente de la pérdida de valores que observamos día a día. Al menos, hoy, yo me encuentro esperanzado al ver a quienes están dispuestos a todo por formar parte de nuestros ejércitos. El futuro de España es de ellos.

General de División (R.) Juan Chicharro Ortega