¡NUNCA MÁS!

Imagen1Decía George Santayana que “aquellos que no recuerdan su historia están condenados a repetirla”. Viene esta cita al pelo con la reflexión que les propongo en estos tiempos de zozobra y confrontación que amenazan con la destrucción de todo lo que los españoles hemos ido construyendo en los últimos setenta y cinco años, tras la guerra civil ¿Recuerdan?

Miren si no. Aquella contienda fratricida, que dividió a los españoles en dos bandos irreconciliables hasta que enmudecieron las armas, tuvo hechos muy relevantes. Hoy solo quiero traer aquí uno que por su singular heroísmo atravesó nuestras fronteras y fue puesto como ejemplo de determinación y profesionalidad. Me refiero al asedio que sufrió el Alcázar de Toledo entre el 21 de Julio y el 27 de septiembre de 1936.

Y no, no crean que pretendo rememorar aquella gesta. Lean en cualquier libro de historia y saquen Vds. mismos sus conclusiones. Lo que trato es poner de manifiesto algo que nunca debió haber ocurrido basado en la historia de algunos de sus protagonistas. Imagen2

Seguro que recordarán que durante los 68 días que duró el asedio, solo dos personas penetraron en el alcázar toledano: El Comandante Vicente Rojo, que el 9 de Septiembre, en nombre del Bando Republicano fue a ofrecer la rendición pactada al Coronel Moscardó; y dos días más tarde, el Canónigo de la Iglesia Magistral de Madrid, Enrique Vázquez Camarasa, que ofició misa, confesó a los sitiados y bautizó a dos niños que habían nacido durante el asedio.

Es en la mediación del comandante Vicente Rojo en la que quisiera poner el acento, para ilustrar con todo su dramatismo el problema de la escisión dentro del ejército.

Vicente Rojo Lluch, había nacido en Fuente la Higuera provincia de Valencia en 1894. Huérfano póstumo de un teniente de Infantería, estudió en el Colegio de de María Cristina de Toledo para huérfanos de Infantería. Imagen3En 1911 ingresó en la Academia de Infantería, que por aquel entonces estaba en el Alcázar de Toledo,  de donde salió cuatro años después como Segundo  Teniente. Tras un destino en Barcelona ocupó otros varios  en unidades destacadas en Marruecos.  En julio de 1918, ascendió a capitán y en 1922, fue destinado como profesor a la Academia de Infantería, su gran ambición en el empleo.

A lo largo de todos estos años fue fraguando una gran amistad con su compañero de promoción  Emilio Alamán Ortega.  Alaman había nacido en el Ferrol en 1895 en el seno de una familia militar. Juntos ingresaron en la academia, juntos salieron como segundos tenientes. Ambos solicitaron y ocuparon vacantes en unidades del Protectorado Español de Marruecos; ascendieron a capitán con menos de un año de diferencia. Vicente Rojo que se había casado con Teresa Fernández, con la que tuvo seis hijos. Imagen4 Emilio Alamán casó  con África Ponce de León que le dio cinco hijas. Obtuvo el mismo destino de profesor tres años después que Vicente Rojo. Fue en este período en el que ambos trabaron una auténtica amistad basada en su condición de profesores, sus inquietudes profesionales y los lazos afectivos que unieron ambas familias.

Fruto de esa amistad y de sus inquietudes, nació en el año 1928 la “Colección Bibliográfica Militar”. Se trataba de una colección de libros de temática militar, al principio escrita y editada por ambos capitanes con sus escasos recursos económicos, pero pronto sumaron colaboradores a su proyecto. Fue tal el éxito y la demanda que tuvieron que pronto encontraron un editor con lo que la difusión fue mucho mayor. Hay autores que se refieren a esta colección como la expresión militar de la llamada “segunda edad de oro de la literatura española”. Imagen5El reconocimiento llegó cuando en diciembre de 1935, por una circular del Ministerio de la Guerra declaraba a la Colección Bibliográfica Militar “de utilidad para el Ejército”, concediéndole una subvención de 5.000 pts. En total llegaron a publicar 96 volúmenes, con carácter mensual, hasta que se interrumpió la publicación en Julio de 1936.  Los temas que trataban iban desde manuales de táctica y técnica militar, hasta traducciones de reputados autores como los Generales Foch, Ludendorf, Pershing o Fuller.

La marcha del Capitán Rojo a la Escuela Superior del Ejército en 1932 para realizar el Curso de Estado Mayor no enfrió la amistad ya que, como se ha dicho, continuaron colaborando en la ya afamada colección militar. Pero los acontecimientos de Julio de 1936, sí que precipitaron el posicionamiento de ambos oficiales en distinto bando. Vicente Rojo que había ascendido a comandante unos meses antes era ayudante del General Avilés y permaneció del lado de La República,  mientras que el Capitán Alamán, continuaba como profesor en la Academia de Infantería, se encerró en el Alcázar de Toledo con el coronel Moscardó,  los 1.203 combatientes y los 565 civiles. Al producirse el alzamiento, tanto la familia del Comandante Rojo como la del Capitán Alamán, se encontraban en Madrid.

Permítanme pasar por alto las vicisitudes, escaseces y miedos que pasaron los defensores, especialmente el temor ante la inminente mina que los republicanos horadaban bajo la fortaleza, para volver  donde nos habíamos quedado al principio de este relato: el 9 de Septiembre de 1936. La noche anterior, el comandante Vicente Rojo,  hablando personalmente desde un altavoz, solicitó una entrevista con el coronel Moscardó. Se acordó una alto el fuego a partir de las 10 de la mañana del día siguiente. El Comandante Rojo, en mono y con las divisas de su rango se presentó entonces ante la Puerta de Carros de la fortaleza, acompañado por un miliciano. Lo esperaban el Comandante Blas Piñar Arnedo  y ¡cómo no! su viejo amigo, el capitán Emilio Alaman. Los tres compañeros  de la misma promoción. Imagen6

¿Pueden Vds. imaginarse los pensamientos, las emociones que embargaron a los dos viejos amigos? Se saludaron militarmente, incluso parece que se abrazaron, pero inmediatamente tuvieron que vendar los ojos al Comandante Rojo, para conducirlo al despacho del Coronel Moscardó. En el camino Rojo le dijo a Alamán que “había visto a sus hijas y que estaban bien” pero nada le dijo de su mujer (?).  Mientras avanzaban por los pasillos, los defensores mudos se preguntaban  si aquella inesperada visita pondría fin a sus padecimientos y sobre todo a la amenaza de la mina que a todos, civiles y militares les tenía sobrecogidos.

El resto es de sobra conocido. En respuesta a las condiciones que el Comité de Defensa de Toledo ofrecía para la rendición del Alcázar, de las que era portador el Comandante Vicente Rojo, el Coronel Moscardó manifestó, primero verbalmente y luego por escrito su “inmensa satisfacción de manifestarle que, desde el último soldado hasta el coronel que suscribe rechazan dichas condiciones y continuarán la defensa del Alcázar y la dignidad de España hasta el último momento”.  Y a un parece que, según el testimonio personal de Alamán al General Casas de la Vega (El  Alcázar, Ediciones G. del Toro 1976) cuando Alamán, en el camino de regreso le propuso a Rojo que se quedase en el Alcázar, éste le replicó –“imposible, me he comprometido con esa gente y no quiero, ni debo faltar a mi palabra. Tengo mi familia en Madrid y su seguridad depende de lo que yo haga. Mi suerte está echada, pero resistid sin desmayo. Sois los mejores y ganareis. Adiós. Viva España!”

Aquella tragedia que protagonizaron en primera persona el Capitán Alamán y el Comandante Rojo dos verdaderos amigos unidos por tantos motivos profesionales, intelectuales, familiares; era la tragedia de todo un ejército dividido en dos. De una nación partida.

¡NUNCA MÁS!

Nunca más debería llegar a producirse situaciones como la que hoy propongo como reflexión. Los militares, tras los ejercicios y operaciones en las que participamos analizamos todo lo realizado, lo discutimos y lo recogemos como “Lecciones aprendidas”, para no volver a incurrir en los mismos errores  y desde luego, para mejorar el desempeño en futuras operaciones.

Respetemos a los que nos han precedido cuando se han comportado con rectitud y con honor. Y La mejor forma de honrarles es aprender de sus experiencias vitales y para no repetir los mismos errores

¡NUNCA MÁS!

¡Dios me oiga! Pero si, en su infinita sabiduría, no toma en consideración mi petición, con fe, esperanza y humildad le suplico que al menos me conceda, como a los defensores del Alcázar, la gracia de la confesión.Imagen7

Adolfo Coloma contreras

General de Brigada (R) del ET