Muerte en Bruselas

cmbtrrerpBRUSELAS. LA GUERRA NECESARIA (Análisis de urgencia)

(General de División Rafael Dávila Álvarez)

Nadie sabe, aunque todos nos creemos muy listos, el origen y objetivo de estos terribles atentados.  Solo hay una cosa cierta y palpable: logran sembrar el terror, pánico es más ajustado, en las democracias europeas. Esto no es una guerra como infantilmente alguno la define. Es la violencia provocada precisamente por no haberles hecho la guerra. Allí donde surgió acudimos y asustados nos retiramos ¿por qué?

Semana-santa-byjuanadc_thumbSiempre eligen un momento acertadamente mediático. Ahora la Semana Santa: la fe cristiana, su enemigo visceral. Repito, su enemigo visceral. No es casualidad.

Buscan con malvada intención el momento en que estemos más relajados y aglomerados. Buscan sembrar el pánico, que vivamos atemorizados. Encerrémonos en casa, tristes y apesadumbrados, incluso sintiéndonos culpables de tanta injusticia, ¡pobre occidente!

La ley es tan meliflua que casi está de su parte: primer objetivo logrado. Hay movimientos y grupos, incluso denominados partidos políticos, de los que uno duda si están a favor o en contra. Prostituyen la libertad y esta se vuelve en contra. Legislación férrea e implacable. Si hay que hacer la guerra para erradicar la violencia se hace sin tibiezas ni monsergas. En el mundo en el que vivimos aparecen demasiados ideólogos que dicen una cosa mientras practican la contraria.

Decía Ortega y Gasset en  España invertebrada que las legiones romanas, y como ellas todo gran ejército, han impedido más batallas que las que han dado. Es la lucha contra la violencia el nuevo enemigo al que nos enfrentamos y nuestra actitud ante ello es el miedo. Ese es su primer objetivo: sembrar de miedo el mundo occidental, que cale hasta en la infancia, en la médula y en el corazón de las democracias. El enemigo en forma de caballo de Troya está dentro y no es difícil identificarlo.Tropas-espanolas-insurgencia-Badghis-militares_TINIMA20130416_0529_18

Pero con la violencia se acaba dando la cara, sin retiradas vergonzosas dejando las cosas a medias. Empecemos a identificarnos, todos.

Afganistán duerme, Irak es una losa, Siria la violencia… tantos sitios.444

Mientras, a las puertas de Europa nos piden pan y les damos una culebra por no haber estado en el sitio y en el momento adecuado. Se volverá violencia, más violencia contra nosotros. Putin observa como Obama negocia con Irán y se va a Cuba nadie sabe muy bien a qué. Mueve su ficha con la tranquilidad del que sabe que la pieza camina hacia su trampa. Y la meliflua Europa llena de policía sus calles sin saber muy bien a quien detener y porqué.

syrian-migrants-cross-under-a-fence-as-they-enter-hungary-at-the-border-with-serbia-near-roszkeEscenario de la violencia, el miedo en nuestras carnes, vivir con temor es la peor forma de vivir. Es exigible otra reacción a los grandilocuentes parlamentarios europeos que mientras se entretienen con el euro solo son capaces de luchar contra la violencia de estos terribles atentados preguntándose ¿dónde será el próximo? Este ha sido en Semana Santa. Casualidad.

La situación generalizada de violencia tiene una razón de ser: no haber hecho la guerra contra ella, en su lugar y momento. Ahora puede que lleguemos tarde.

General de División (R.) Rafael Dávila Álvarez

56ec4cdec461888f7a8b45a7EL TERRORISMO GOLPEA DE NUEVO

(General de Brigada Adolfo Coloma Contreras)

Solo nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena, dice el saber popular. Y pensamos en nuestra seguridad cuando nos vemos sacudidos por una noticia como la que nos inunda hoy 22 de Marzo, Martes Santo, sobre los alevosos, espantosos, cobardes y todos los calificativos que quiera uno sumar, atentados terroristas que se han producido en la ciudad de Bélgica, en su aeropuerto y en el ferrocarril suburbano. Que es como decir en el corazón de Europa y en plena Semana Santa.

480Escribo estas reflexiones en caliente, mientras escucho por la radio las sucesivas informaciones que tienen como lugar común el incremento del número de muertos: diez, veintiocho, treinta y cuatro ¡Dios mío, cuando se detendrá esta cuenta!

Solo en estos momentos nos acordamos de la seguridad como un bien imprescindible y ¡cómo no! exigible. Solo en estos momentos agradecemos la presencia de agentes de los cuerpos de seguridad del Estado, incluso soldados cerca de nosotros. Nos transmiten confianza. Lejos de estos instantes tan puntuales como dramáticos, todo son protestas. La impaciencia por los controles de tráfico, o las quejas por la seguridad en los aeropuertos son dos buenas muestras de ello. No  nos detenemos a reparar en que la guerra contra el terrorismo empieza antes, mucho antes de la simple reacción ante un brutal atentado.

Lo primero es llamar a las cosas por su nombre. Esto es una guerra.  Y en la utilización de este término disiento del magnífico analista de asuntos estratégicos, el Coronel Pedro Baños. En efecto, los grupos terroristas no pueden tener consideración jurídica, no pueden ser objetos de derecho internacional, pero por su organización, estructura y medios de que disponen, son capaces de poner en jaque a un Estado. Mediante la utilización alevosa de la fuerza tratan de lograr sus objetivos políticos e imponerlos al conjunto de la sociedad. Sean galgos o podencos, ¡señoras y señores, esto es una guerra!249473-944-628

Una guerra que no se libra en frentes determinados ni por ejércitos a la usanza. Los terroristas yihadistas se organizan militarmente, así se he manifestado nuestro ministro del Interior, que estará en funciones, pero sabe lo que hace y lo que dice. Actúan coordinadamente, planeando con precisión la reacción de los ciudadanos y la respuesta de los cuerpos de seguridad para provocar nuevos atentados, y aumentar el número de víctimas, paralizar las actividades y tener a las sociedades aterrorizadas.  Aplican la fuerza sobre objetivos puntuales pero de los que esperan obtener importantes réditos políticos. Vencerles requiere un planteamiento, organización y ejecución diferentes a las guerras convencionales. Pero también se precisan unos medios, procedimientos y sobre todo una instrucción individual y  adiestramiento colectivo muy específicos para hacer frente con éxito a esta amenaza. Ya conocen cómo pienso. Ya me he expresado en términos similares en entradas anteriores.

Querer, saber y poder. Querer implica una decidida voluntad de vencer. ¿Y quién no quiere vencer al terrorismo?, si claro, pero esa voluntad de vencer exige compromiso a todos los niveles. No solo mera retórica y declaraciones en el nivel político, sino directrices claras, y dotaciones presupuestarias adecuadas. Saber, supone el contar con una organización eficaz que permita disponer de una inteligencia sólida, sin barreras ni apellidos, interconectada y compartida. Una inteligencia sin protagonismos, al servicio del objetivo final: la derrota del terrorismo. Y unos medios humanos y materiales adecuados para esta guerra tan específica, con verdadera preparación  por todos los participantes en la lucha con adiestramiento especifico. Por último el poder, lo que los militares llamamos libertad de acción, la capacidad de llevar a cabo nuestros planes y designios sin más límites que la legalidad, la legitimidad y la moralidad de nuestros actos y acciones.

1244947Querer, saber y poder aplicados a una estrategia ofensiva, no pertrechados tras los cómodos muros de nuestra casa común, del “Espacio Schengen”  sino buscando las causas del problema, neutralizando los apoyos terroristas y atacando en origen los resortes de su poder. Eso es lo que se enseña en nuestras escuelas de pensamiento  militar. Resolver el conflicto como un todo, con todas las capacidades de la Nación, incluidas las militares. Así lo determina la   Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre, de la Defensa Nacional. “Las Fuerzas Armadas, junto con las Instituciones del Estado y las Administraciones públicas, deben preservar la seguridad y bienestar de los ciudadanos en los supuestos de grave riesgo, catástrofe, calamidad u otras necesidades públicas, conforme a lo establecido en la legislación vigente.” (Art. 15.3)

Pero todo esto, querer, saber y poder, no se improvisa. No es solo cuestión de atrapar a Salah Abdeslam, el cerebro de los últimos atentados de París, ni el de los atentados de hoy en el aeropuerto de Bruselas-Zavantem y la estación de metro de Maelbeek. Es cuestión de determinación (política y nacional), es cuestión de medios, de preparación y es cuestión de contribuir individual y colectivamente a vencer a ese insidioso enemigo que tenemos a las puertas, sino dentro de casa.

Adolfo Coloma Contreras

General de Brigada (R) del Ejército

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