Lamento y preocupación de un soldado

7_infanteEs triste y desolador  para los españoles de bien, que son la mayoría, comprobar a diario cómo políticos de toda condición, y aspirantes a tales, negocian, mercadean, asumen con inusitado desparpajo, y no menor irresponsabilidad, la posible rotura de  la intangible unidad de España como si ello fuese algo intrascendente y superficial. Es triste y desolador que hasta las personas más sencillas comprendan algo que a los políticos mencionados parece estar vedado: la unidad es buena, es deseable y debe de procurarse por todos los medios porque es vital para garantizar la seguridad, la fortaleza, la libertad y el mayor  bienestar económico y social de todos los españoles.  La desunión, la rotura de una nación es el mejor camino para conseguir todo lo contrario. Por eso nuestra  Constitución protege  la unidad de España y asigna a las Fuerzas Armadas su protección. Y hasta esto quieren  cambiar los políticos mediocres que estamos mencionando sin querer ser conscientes de que hasta cualquier multinacional, adobada con un poco de corrupción, podría hacerse hasta con el gobierno real y efectivo de cualquiera de nuestras regiones en su propio y exclusivo beneficio. ¿Es este el ideal   independentista? 1026943201_850215_0000000000_sumario_normal Entre estos españoles de bien incluyo naturalmente a nuestros militares que a diario, con indiscutible abnegación y espíritu de sacrificio entregan lo mejor de sus vidas a defender la integridad y seguridad de España y el bienestar de todos  los españoles. Y esto es lo que ahora mismo muchos  de ellos  están haciendo alejados, muy alejados de sus familias y seres más queridos. Por eso son “lo mejor de España” según justo, afortunado y merecido calificativo que el actual   Ministro de Defensa supo dirigir a nuestras tropas desplegadas en zonas de convivencia difícil y alto riesgo, en el extranjero. En su trabajo diario  nuestros soldados no solo arriesgan su vida, lo más valioso que todos tenemos, sino que  muchas veces la entregan con una generosidad nunca suficientemente valorada y recompensada, como tantas veces hemos podido comprobar. Casi nadie lo dice pero esta forma de entender la abnegación militar, hasta el sacrificio máximo, es lo que la sociedad, en su más intimo fuero, espera de nuestros militares. Para  conseguir esta generosa forma de entender el servicio a su Patria los soldados se forman  continuamente en la práctica de las virtudes militares, magistralmente descritas recientemente por el Teniente General Agustín Muñoz-Grandes en un magnífico y loable  trabajo  académico. Para ser   capaces de enfrentarse,  de cara, a todos lo que pueda poner en peligro la integridad  de España y la seguridad y bienestar de todos los españoles los soldados se acostumbran a vivir en un mundo de honor, valor, disciplina, lealtad, subordinación, compañerismo, en un mundo verdaderamente alejado de lo que a diario vemos en el mundo político. Estas virtudes viajan  en el macuto de nuestros soldados que, conscientes de ello, viven felices y satisfechos con el noble sentimiento del deber cumplido.10990208984_249ce6b3ef_c

Quiero dejar constancia de que esto que acabo de escribir es una torpe aproximación de lo que es el pensamiento militar, en la misma frontera de sus sentimientos. Pensamiento  o sentimiento militar que debe de estar sometido, como está, al pensamiento político. Creo que todos estamos convencidos de ello. Pero este sometimiento parece que debe imponer al  pensamiento político, en justa  reciprocidad, un mínimo  respeto hacia el pensamiento militar. Y alguna que otra obligación: en este momento difícil de la realidad política española, y dentro de la obligada y  mutua lealtad, a mí me parece que ha llegado el momento en el  que el Gobierno  lleve  al ánimo de nuestros militares, si no lo ha hecho todavía, la convicción de que no serán obligados, por la vía de los hechos consumados, a ser mudos testigos de una grave mutilación de la unidad de la  Patria a la que aman, a la que adoran,  a la que da sentido a sus vidas. Nuestros soldados se lo merecen. Y ello también para que nuestros políticos puedan alcanzar el codiciado titulo de ser  “los mejores de España.”

Aurelio F. Diz

CN (R)