LA LEGIÓN QUE NOS UNE: MIRADA ATRÁS A LOS TESTIMONIOS ORALES Y CABALES Por FRANCISCO JOSÉ GONZÁLEZ DEL PIÑAL JURADO

La Legión es una religión (ya lo dijo don Pedro sobre la milicia : religión de hombres honrados); protocolo y liturgia dentro de la milicia, porque sus oraciones están comprendidas en el Credo Legionario -nos aclara espléndidamente la Revista “La Legión”, en su número 468-. Oraciones y plegarias al valor, amistad, combate, compañerismo, disciplina, marcha, sufrimiento y dureza, unión y socorro, y, desde luego, conocer y aceptar la muerte en combate y fervor a la Bandera.

Ante  lo apostillado en esta breve introducción, que profundizaremos en otro artículo (y no ahora para respetar los límites de espacio), citaremos algunos testimonios breves, de carácter legionario, tan reales como la vida misma, además de situaciones adversas susceptibles de aparecer en nuestras vidas. Hace ya algunos años conocí a un señor, nacido en 1914, que en plena Guerra Civil se pasó a La Legión “porque estaban mejor preparados que los falangistas y había menos bajas”.  Perteneció a la XII Bandera. Llegó a ser un ejemplar soldado. Termina la guerra, encuentra un empleo estable y se coloca. Pero pronto,   se marcha a la División Azul abandonando el empleo que tenía en CAMPSA (Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos). Yo a este testimonio no se me ocurre otra cosa que decir que si en alguna ocasión  no se sepa, o no se pueda explicar lo que se hace, no quiere decir que se hagan cosas inexplicables.

En mi hermandad  legionaria conocí, cuando ingresé, a un sargento legionario (en activo siempre estuvo destinado en la X Bandera), nacido en Brasil en 1920 y fallecido en Coria del Rio en 2005. Con independencia de su ejemplar conducta, y de que perteneció al Grupo de Honores de la Hermandad, era un poeta legionario pura cepa, que ha dejado numerosas poesías custodiadas en un pequeño museo legionario que tenía en su casa, que felizmente le cuidaba, en sus últimos tiempos, su nieta, por cierto de alto espíritu legionario también. Entre su producción literaria tenía una poesía, creada en Marruecos en 1940, cuyo último fragmento decía: *Se me ensancha el corazón, cuando medito mi suerte, y grito así temerario, deja paso a un legionario, que va en busca de la muerte*. He nombrado a dos legionarios ya eternos, porque el legionario no tiene fecha de caducidad. El catedrático, profesor, maestro… no pierde su sabiduría  cuando se jubila. Cambia su situación, cambian los papeles, pero el espíritu no. Nunca. La fecha de nacimiento no lo es todo.  Por ello, hay una primera parte en la que se es legionario (legionario de primera, distinguido, de honor, de lujo…) hasta que se fenece.  A la segunda parte se pasa como legionario eterno, ya sin gorrillo, ni camisa verde, pero revestido con las galas radiantes de la Eternidad. Nuestra hermandad, repartida por todas partes,  se debería denominar Hermandad de La Legión, a secas,  que es un título corto y preciso, y no Hermandad Nacional -o provincial, o local …- de Antiguos Caballeros Legionarios de …, título largo que estratifica y cataloga impopularmente a los legionarios como antiguos o modernos, como activos, reservistas o retirados. En otro orden de cosas, también he dicho ya hasta la saciedad, y quiero volver a decir al Alto Mando, que el 20 de Septiembre no se celebra la fundación de La Legión; el 20 de Septiembre es la fecha en la que se apuntó el primer legionario. La Legión se fundó el 28 de Enero de 1920 (el que quiera verlo se lo escaneo y se lo mando).

Ahora me voy a dedicar especialmente a los legionarios que estuvieron en el Sáhara, haciéndoles rememorar cosas que se van olvidando con los años (testimonios orales y cabales, como reza el título de esta entrega de La Legión que nos une, y que tendré que seguir más adelante ante la falta material de espacio). Una mañana de día festivo salen, tras el toque de paseo, unos legionarios, partiendo de Sidi Buya, a través de la rivera izquierda de la Sahia. Son 3 legionarios de la misma compañía, apareciendo en el otro extremo de la ciudad, medio extraviados, cercano a un “morabito”. Próximo había una especie de  poblado volantero de musulmanes nómadas, dedicados al ganado, las cabras,  la avicultura, los dátiles…,  en régimen modesto. Uno de sus moradores, por congraciarse, le dice a los visitantes que se dedica al mantenimiento de aves de corral, no ocurriéndosele a este buen hombre otra cosa que decirle seguidamente a los legionarios que entre sus gallinas, ¡con perdón!,  tenía una polla gorda. Los legionarios, aturdidos, atragantados, casi sin aliento, y sin saber qué decir (uno de ellos  deseaba salir corriendo, por si acaso), crearon un silencio-túnel que el nativo  rompió diciendo: ¿quiere que te la enseñe? Llegado esto a oídos de su capitán,  rompió a carcajadas propias del caso, y se dedicó a expandirlo por el acuartelamiento, llegando incluso a trasladar “la novedad inédita” al propio coronel Timón de Lara.

Pero tras este breve paréntesis anecdótico, sigamos. Allí existió la figura del enemigo irregular, dotado de armas ligeras y ligado, más o menos, a una organización subversiva (grupo incontrolado, guerrilla…). Se trataba de formaciones flexibles, adaptables, y, por lo tanto, difíciles de combatir. Fluidas y difícilmente localizables, basando su actuación en la sorpresa, capaces de resistir largos desplazamientos, materializando operaciones de envergadura pero de ínfima duración, en la modalidad de emboscada, golpe de mano, irrupción violentamente rápida, y ataque de objetivo limitado. En cuanto al terreno hay mucho que decir. La hostilidad se combate, naturalmente, con la previsión (abastecimiento, evacuaciones, planeamientos operativos y logísticos).  En las marchas hay que tener en cuenta los puntos difíciles o críticos, los de paso obligado, los pozos (hace muchos años se publicó un ilustrativo libro titulado “Pozos del Sáhara”), previsiones de agua (20 litros por persona y día)… El espacio apremia, se quedan muchísimas cosas en el tintero, de las que en un próximo artículo daremos cuenta.

 

FRANCISCO JOSÉ GONZÁLEZ DEL PIÑAL JURADO