LA LEGIÓN QUE NOS UNE: “ENCUENTRO” EN SMARA (FRANCISCO J. GONZALEZ DEL PIÑAL JURADO)

La fauna ibérica (aunque no siempre, pues algunas veces han existido algunos testigos “de importación”) ha estado, y está, presente en la simbología nacional, de forma constante: Escudo Nacional, águila real en diferentes épocas, así como la figura del león. Dentro de la heráldica nacional, simbología y emblemas, nos aparece el águila imperial presidiendo el signo de representación del Ejército de Tierra. En el Cuerpo de Farmacia Militar (posteriormente integrado en la Sanidad Militar), lo mismo que en la farmacología civil, el emblema presenta a un cáliz, o copa, abrazado por una “bicha”. En cuanto a territorios, el camello-dromedario aparece en el distintivo de nuestra antigua provincia del Sáhara. Este artículo se debería de denominar “Mascotas legionarias”, a la que este autor se ha dedicado ya en anteriores publicaciones militares, pero el mensaje que deseo transmitir es que nunca se relaje la disciplina, hasta el punto de faltarle el respeto a un teniente general, a la sazón ministro del Ejército, objeto primordial de estas líneas, como se verá en su momento. Nos referimos a una estampa sahariana, ya algo lejana,  al loro de Smara.

Ya, en el caso concreto de las mascotas legionarias, que ahora nos ocupan, el león aparece contemplado en el escudo del Tercio 3. Con independencia de las unidades activas o disueltas, en la Iª y IIIª Banderas del Tercio 1, aparecen en sus guiones el jabalí en la Iª y el tigre rampante en la IIIª. En la IIª Bandera (Tercio 1) y Vª Bandera (Tercio 2) aparece en sus enseñas (léanse guiones) un águila…  También nombraremos, más adelante, a la peligrosa y repelente serpiente “lefaa”, al utilizar su mito para gastarle una broma a un coronel, aunque ni nos representa, ni lo deseamos.

Ciñéndonos concretamente a las mascotas legionarias, y más adelante verá el lector por qué, cabe apostillar en las mismas originalidad en su indumentaria, peculiaridad en sus andares, simpatía en sus giros y lealtad hacia sus conductores-cuidadores. Un “muestrario” a primera vista nos trae a la mente  cabras, carneros, jabalíes o jabatos, loros, monos, osos, perros, poneys, zorros… La uniformidad de muchas de ellas la forman mantas con bordados y naturalmente el gorrillo legionario.

Un carnívoro favorito está presente en la denominación oficial de la bebida netamente legionaria: la leche pantera.

Entre las rarezas que encontramos en La Legión, nos lleva a la adopción de fauna “de importación polar”, como fue el caso del bar de oficiales donde vivió un pingüino, que para aclimatarlo le buscaron por hogar una nevera sin puertas.

Cuenta el querido y recordado teniente general Mariñas Romero (fallecido en Agosto de 2003), que durante su época de coronel del Tercio 4º, en Villa Cisneros -de la que puedo  dar fe-, llegó un día de Octubre de 1971, acompañado de un equipo de Televisión Española (por entonces aun no era RTVE) el coronel de Infantería don Luis López Anglada, hombre valioso y Premio Nacional de Literatura por más señas. La visita obedeció a la realización de un reportaje sobre La Legión, ya que el coronel estaba, por entonces, destinado en el Gabinete de Prensa del entonces Ministerio del Ejército. El entonces coronel Mariñas -con quien tuve el honor de contactar  estrechamente, hasta prácticamente su sentido fallecimiento-, jefe del 4º Tercio y del Subsector Sur del Sáhara, le preparó un programa de visitas, no exento de alguna que otra broma; entre ellas,  hablarle machaconamente de la serpiente del desierto (víbora cornuda) llamada “lefaa”, de picadura mortal. Se barajaron toda una cadena de casos terribles de muertes por mordeduras, todas inventadas. Una de esas noches, durmiendo en un campamento montado sobre lecho arenoso, soñó con miles de “lefaas”. Su espléndido libro “La arena y los sueños” contiene un poema titulado “Canción para matar una “lefaa”.

Por tercios, podemos apostillar que, ya en el estricto monográfico de las mascotas, abundaban los jabalíes en el Tercio 1, en Melilla. En Ceuta, Tercio 2, la IVª Bandera tuvo un oso; y la Vª Bandera, del mismo tercio, tuvo un carnero montado por un mono. Mientras el carnero desfilaba con la manta bordada, al mono no le faltaba de nada, pues llevaba “pepito”, correaje completo y escarapela.

La VIIª Bandera (Tercio 3), de guarnición en Smara, ciudad santa de los saharauis,  contó con la, tal vez, mascota más simpática (con connotaciones, objeto de este artículo, como se ha advetido) que ha tenido La Legión a lo largo de su historia: el loro de Smara. El animal lo llevó un cabo, de origen guineano, para, de alguna manera, justificar su retraso tras la incorporación de un permiso, debido a problemas de conexiones y traslados en los medios oficiales de transportes. Nos referimos a los años sesenta. Cuenta el hoy coronel García- Mauriño, quien causó alta en la VIIª Bandera, como teniente, en 1963 (la ficha consultada lo denomina Carlos García-Mauriño Ramírez, si bien quien narra piensa que el segundo apellido pudiera ser Martínez) que a preguntas del cabo legionario de si deseaba alguna cosa de su tierra, antes de emprender el viaje, le dice el teniente que un loro, por decirle algo.

El loro, en cuestión, era gris que, parece ser, son los más habladores. “Nico, cabrón”, fue lo primero que le enseñaron (broma que le gastaron a don Nicomedes Bajo Martín, comandante de la VIIª Bandera), y pronto apareció pintado en algunos de los vehículos del Tercio, como mascota oficial que era. Pronunciaba palabras malsonantes (las que le enseñaban algunos imprudentes -y sálvese quien pueda-), e incluso le llamaba borracho a un capitán. Tarareaba con una especie de silbido la contraseña de La Legión, la Marcha de Infantes, atención general, “El puente sobre el rio Kwai”, “San Bernardino”, “Palomitas de maíz”, o “Juanita Banana”, y expresiones desagradables, tales como “chulo”, “¡Guarro, borracho, nóoomada!”. En una intoxicación producida por un aerosol, por accidente,  por poco se muere. Por ausencia del veterinario  de la Agrupación de Tropas Nómadas lo salvó del trance el médico de la unidad.

En visita girada en Agosto de 1974 a la Bandera por el otrora ministro del Ejército (de 1973 a 1975), teniente general don Francisco Coloma Gallegos (1912-1933), antiguo jefe del Tercio 3 desde 1959 a 1961, ocurrieron anécdotas puntuales y de mal gusto, que a quien les escribe le hacen muy poca gracia narrarlas. Por eso en el encabezamiento que da título a la publicación, “ENCUENTRO” EN SMARA, el papel del entrecomillado obedece a que cuando una palabra o frase se encorseta, el resultado, en este caso, es que no debe ser un encuentro, sino un desencuentro.   Curiosamente cuando entró el ministro en el bar, el loro, por azar, inició la Marcha de Infantes. Al ministro, persona prudente y paciente,  todo lo que se le oía eran alabanzas. El loro, que había dejado de silbar, y ante el silencio previo para escuchar unas palabras del teniente general Coloma, rompe este protocolo el lorito, diciendo:”¡Pistolo, cabrón!”; claro que de estas cosas la culpa la tienen los mandos que les enseñan cosas impropias a estos seres irracionales, y, lo que es casi peor, como siempre digo, delante de la tropa, que lo ve, lo juzga, junto a otras cosas, y luego lo comenta en sus entornos, cuando, por entonces, se licenciaban. En este caso, si bien este loro no distinguía los empleos, si distinguía el caqui del verde, y, claro, contestó conforme lo habían amaestrado para la uniformidad. Yo no estaba allí para poder corroborarlo, pero según fuentes orales manifiestan que a “pistolo” y “cabrón”, siguieron otras más fuertes (“maricón”, “hijo de puta”… -¡con perdón!- …). El ministro se rió mucho y no pasó nada, pero otro hubiera pedido explicaciones serias y contundentes al adiestrador-responsable; porque, ante una visita de altura como sería la del ministro, un loro, u otra mascota cualquiera, que puede acarrear conflicto, se quita de en medio hasta que la autoridad se marche, y se evitan estas situaciones gratuitas. El ministro tenía un hermano, también teniente general, y padre del general Coloma Contreras, don Julio Coloma Gallegos, primer general paracaidista de España, y capitán general de la  entonces IIª Región Militar (Sevilla), desde el 6 de Diciembre de 1971 hasta Octubre de 1973. Se interesó en crear un colegio de EGB, que lo inauguró el 15 de Septiembre de 1973, llevando su nombre, en una barriada militar donde también se encuentra el Club Deportivo unificado; así como el Hospital Militar y el Regimiento de Artillería de Campaña nº 14, ambos ya desaparecidos. La denominación del colegio acogió la entonces dignidad del cargo, llamándose “Colegio Capitán General Julio Coloma”, título que con el tiempo intentó algún político, sin ningún fundamento, hacerlo desaparecer. Me comunica un coronel, vecino de la barriada, que ha visto modificado su rótulo exterior, por otro que dice “Colegio Capitán Julio Coloma”, quedando en hacerle una fotografía y enviármela. Naturalmente, la haré seguir.

En fin, encaucemos de nuevo el tema del día, “ENCUENTRO” EN SMARA. En la VIIª Bandera, en Smara, en el Sáhara,  hubo también machos cabríos y perros pastores alemanes. Eran los tiempos en que mandaba la Bandera el teniente coronel Lago Román, “el conde de Smara”, o “el conde-duque de Smara”, de feliz recuerdo. De coronel mandó en Sevilla el Regimiento Mixto de Infantería  Soria nº 9 -hoy Ligero, al guarnecer una isla-, cuyo Batallón de Carros llevó su nombre  -Acuartelamiento Lago Román-. Después, de general de División, llegó bruscamente su triste final, como sabemos, en atentado terrorista.

Volviendo al loro de Smara, su vocabulario sería  grabado en cinta. Se llamaba Marco y moriría en la nueva etapa del Tercio 3, perdiendo, obviamente, el título de Sahariano  (tras la descolonización del Sahara) en Puerto del Rosario.

De este mismo Tercio, la VIIIª Bandera, en el Sahara, tuvo un borrego llamado “Braulio” y en Fuerteventura a Nerón. Dicen que trae mala suerte ponerle a los animales nombres del santoral, porque duran poco tiempo. Esta “profecía” parece que no funcionó entre las mascotas legionarias. El grupo ligero de caballería tuvo a un poney en el Sahara, y en Canarias un macho cabrío. En los tiempos del entonces coronel Pallás Sierra, eternamente admirado, desfilaban, tras él, tres perros. El teniente general Pallás  falleció hace pocos años  y el Día de La Legión, 20 de Septiembre (no la fecha fundacional, sino en la que se apuntó el primer legionario), me quedé con la pena de oír en el 4º Tercio, que también mandó, alusión alguna a su brillante figura .

Y ya, casi en la recta final, queda por decir que en los tercios saharianos, algunas compañías adoptaron como mascotas a unos zorros pequeños del desierto llamados “Fenec”. En la IXª Bandera, Tercio 4, tuvieron un borrego llamado Paco. Diariamente, a eso de las 10:30 horas topaba en la puerta del Hogar del Legionario, o mesón, que aún no había abierto. Le abrían y colocaban una palangana con dos litros de tinto peleón que se bebía a la voz de ya. El vino era financiado por el Fondo de Bandera, con autorización del Comandante Patiño. Después solía comerse todas las colillas que encontraba y arremetía contra todo el que le prestaba atención. Por lo visto había que ignorarlo. Duró poco, debió morir de cirrosis.

Volviendo de nuevo a la VIIª, ahora por razones cronológicas, hay que decir que ha habido más de un loro. Contemporáneo fue Piluca, que desapareció entre el día y la noche durante la etapa de la Bandera en Bosnia, siendo sustituido por otro loro, éste croata y de malas intenciones, al que le fue impuesto también el nombre de “Marco”.

¡Finalmente, a la IIª Compañía de la VIIª, también en la etapa de Fuerteventura, llegó en 1994 un papagayo gris africano que, sin apenas problemas de adaptación, se convirtió en el loro de la IIª o mascota de la IIª. De las islas Canarias pasó a Almería, en 1995, cuando el Tercio 3 se trasladó a Viator, junto a la entonces creada Brigada de La Legión. Se recuerda que el acuartelamiento insular de Puerto del Rosario pasó a ser tras la marcha del Tercio, la nueva sede del, hasta entonces, Regimiento Mixto de Infantería Mixto Soria nº 9, que guarneció, como se ha dicho, la plaza de Sevilla durante más de 100 años, y que pasaría a denominarse, por razones obvias, Regimiento de Infantería Ligera Soria nº 9, perdiendo el Batallón de Carros Medios, ya citado, con asentamiento hasta entonces en Las Canteras (Alcalá de Guadaira -Sevilla-). En fin, hoy en día,  la nostalgia sevillana, después de 21 años de su cambio de guarnición,  por la marcha de una unidad con tanta solera, continúa, aliviada por su Unidad de Música, que quedó en Sevilla; hoy adscrita al Cuartel General de la Fuerza Terrestre  (FUTER), aunque el pueblo sevillano se resiste a denominarla de otra manera, que no sea su nombre original: la Banda de Soria. En el ambiente procesional a la pregunta ¿qué Banda lleváis este año?, la respuesta es contundente:  Soria.

Prosiguiendo con la mascota de marras, a la entrada a la segunda compañía, ya citada,  el capitán Esteban, que entonces la mandaba, le impuso el curioso nombre de Ratko Mladic, lo cual no resulta extraño si se tiene en cuenta que participó en varias misiones internacionales (Kosovo, Macedonia, Iraq …). Entre otras anécdotas, nos cuenta el sargento 1º Millán, que, a la llegada a Almería, “y tras algún susto que otro, dos gatos querían ajustarle las cuentas”. Sigue contándonos Millán en un espléndido relato que recoge el libro “Tercio Don Juan de Austria 3º de  La  Legión:   ¡  Un  Tercio  Nómada  !  “,  lo    mismo  que  otros   pasajes    del         mismo,

que “en Septiembre de 2003, Ratko Mladic se encuentra en Iraq, con su segunda compañía formando parte del GT. “ Don Juan de Austria “. Es más, el loro salió por los telediarios nacionales al hombro del [entonces] ministro de Defensa (don Federico Trillo-Figueroa) mientras éste hablaba a los medios de comunicación el día que visitó a las fuerzas allí destacadas”.

 

FRANCISCO J. GONZALEZ DEL PIÑAL JURADO

2 pensamientos en “LA LEGIÓN QUE NOS UNE: “ENCUENTRO” EN SMARA (FRANCISCO J. GONZALEZ DEL PIÑAL JURADO)

  1. Juan, hay muchas cosas inéditas que contar del Sáhara. Por ejemplo, las excursiones (aunque vayas a la vuelta de la esquina, lleva agua para 5 días); o, aparte de veterinarios militares, en Tropas Nómadas existía la figura del curandero de camellos, que era un nativo.
    En otro orden de cosas, debo advertir de una errata. Donde dice “teniente general Coloma Gallegos (1912-1933)”, debe decir (1912-1993). SALUDOS

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