LA LEGIÓN QUE NOS UNE : ARRIADO DE BANDERA EN AAIÚN Por FRANCISCO JOSÉ GONZÁLEZ DEL PIÑAL JURADO

Con sentimiento, concordancia, emoción, firmeza y, naturalmente, con amor patrio, sin suplantaciones trasnochadas, ni manipulaciones, ni posibilidad de amaño, trato de transmitir todas mis vivencias que el tiempo, o los tiempos, hacen, por ley natural, que no regresen; aunque el paso dilatado de ese tiempo nos hace, a veces, que no recuerde muchas cosas, y otras me cueste trabajo ponerlas en orden. Fue hace ya 31 años cuando me dispuse a escribir uno de mis libros titulado “Consideraciones históricas y sociales sobre el Sáhara Occidental (Homenaje al Sáhara Español)”, con motivo de cumplirse los 10 años de nuestra salida del territorio (del Sáhara, claro).    Aquel    libro    lo    escribí    prácticamente     de     memoria,     sin          bibliografías,           sin         documentos,          sin          testimonios        orales,  sin grabaciones,         ni        registros     fonográficos   ni     de    imagen      de        ningún       tipo,

refrendado por sucesivas conferencias impartidas, con el siempre respaldo,  entrañable respaldo de lujo, por parte de mi querido y recordado teniente general Mariñas Romero (+), que, aparte de un intachable jefe mililitar, de un Ilustre Soldado de España, de un gran maestro, nos dejó un legado  intelectual y saber estar a prueba de terremotos. Hoy me hubiera resultado complicado escribir todo lo que narro más abajo sin que mi memoria, en algun momento, me hubiera traicionado.

Y ante la presencia, casi milagrosa, de estas ausencias aparecen estos artículos que, dictados desde lo más hondo, rememoran vivencias de hace ya, por el camino más corto, 41 años de historia.

La ceremonia diaria de arriado de bandera, ante el edificio del Cuartel General del Gobierno General del Sáhara, en Aaiún, o El Aaiún, como se prefiera, era efectuada, por razones turnantes, o rotación de unidades de la guarnición, que acudían a paso ordinario, naturalmente,  en la modalidad de piquete,  de fusilería, claro, y banda de guerra incluída, como es natural. La Legión, como se verá, acudía con su particularidad, que hacía, y sigue haciendo, las delicias de un público  expectante. Cada día le tocaba  a algun Arma o Cuerpo (salvo al Benemérito Instituto porque allá no había fuerzas de la Guardia Civil) acompañado abundantemente por el pueblo que asistía, fielmente, a presenciar, más que la ceremonia en sí, diría yo que la emoción. El sugestivo marco, o escenario, no era otro que la plaza de España, donde abundante público, ante cuanto acontecía, era el “culpable” de que todo el distrito centro se paralizara durante pocos minutos,  que se convertían en momentos de gloria; pero hagamos un punto y aparte para narrar, brevemente, el escenario elegido para el artículo de hoy, esto es la plaza de España, de Aaiún,  y sus alrededores urbanos, susceptibles de inclusión en la ceremonia que nos ocupa.

Entre 1940 y 1946 sería conformada la plaza de España, cuyos edificios construidos cubrían las entonces denominadas funciones político-administrativas. El edificio de la Delegación, así denominado (por más señas, finca registral nº 5), era de dos plantas, que sería presupuestado en 56.970 pesetas, ejecutándose en el plazo de 5 meses. El pabellón del entonces denominado Comandante Delegado era la finca registral nº 3, proyectado por Alejandro Tiana González el 8 de Mayo de 1940, igual que el anterior .  Completaba por entonces las edificaciones de la plaza el denominado Consultorio, proyectado por el capitán Ingeniero de Obras Cayetano Aguado Saralegui, también en 1940. La otra plaza importante de la ciudad, también desde los años cuarenta del siglo XX,  era la de África, de traza cuadrada, que conformaba la jardinería,  la parroquia y la Misión Católica, donde terminaba la avenida del Ejército, que procedía de las inmediaciones de la plaza de España. Y puestos ya a hablar del casco antiguo resulta obligado aludir al denominado Zoco Viejo, que más bien procedía denominarse Nuevo, por el buen estado de conservación que presentaba (si se comparaba con el otro),  pleno de bazares donde se solían comprar los tópicos radiocassettes, tan en boga en la época (los más buscados eran los Aiwa -6000 pesetas- y los Grundig -8000 pesetas-), entre algunos bares. Y decimos que más bien le pegaba denominarse Zoco Nuevo, porque éste -el Zoco Nuevo- era uno que estaba en una plaza circular, donde terminaba la avenida del Generalísimo (a la que nos vamos a dedicar seguidamente), encontrándose más deteriorado que el ya tratado, y algo lejano ya del escenario al que nos estamos refiriendo.  Y terminando el recorrido por la zona centro urbano (y para que no nos tachen de ignorantes), apostillaremos superficialmente que la población no estaba exenta de establecimientos de tanguistas incluidas que pululaban, con chuches de alcoba, y que hacían del clientelismo mixto (vamos, castrenses y paisanos) su cotidianeidad consuetudinaria o, si se prefiere,  militancia doméstica (algun lector, tal vez, pensará que soy mucho de la flema inglesa…, aunque soy español, de pies a cabeza -y valga el involuntario pareado-). En fín, tengo el gran defecto de que me voy de un tema a otro sin pedirle permiso al lector, aunque para “justificarme” diré que dejo muchas cosas en el tintero.

Volviendo al tema que nos ocupa, vamos a instalarnos ya en el escenario del arriado de bandera, es decir, en la plaza de España, de Aaiún, y lo que acontece en sus aledaños. La plaza era de conformación cuadrada; al oeste estaba el edificio del Gobierno General del Sáhara, con su Cuartel General; la fachada sur -creo recordar- era la Secretaría General; al norte un nuevo edificio del Gobierno que durante mi estancia en el territorio estaba en construcción (ignoro si se llegó a terminar y utilizar); y al este la residencia del gobernador general. Por cierto el general Gómez de Salazar, último general gobernador  (digo general gobernador, no gobernador a secas) era conocido por la prensa, que acudía por la tarde a recabar información periodística de la jornada -en la época final, ya muy conflictiva-,  como “Gigi  l´amorosso”, canción italiana famosa en la época (1975).

A la llegada de la tropa a la plaza para proceder al arriado de bandera, a la puesta de sol, el tráfico se interrumpía en la zona, área, distrito, o como se prefiera. En la avenida del Generalísimo confluía una calzada en forma de Y, que recogía en su mitad los dos brazos que conforman la Y, la de la izquierda que procedía de los barrios altos, pasando por el Parador Nacional; y la de la derecha, que procedente de la carretera que venía de Cabeza de Playa de Aaiún, recogía el tráfico que procedía del Aeropuerto (del que podemos tratar otro día, si el lector quiere). Al final de esta cuesta abajo, con los dos brazos unificados, en su mitad, confluía con la avenida del Generalísimo, quedando a la derecha el Banco Exterior de España, y seguidamente el parque infantil general Pérez de Lema; quedando a la izquierda, algo más lejos,       la    gasolinera    “Atlas”.     En    la    misma    confluencia    con    la     avenida      del      Generalísimo      había     un     policía      municipal        -objeto    de    esta     narración-

regulando el tráfico, a un paso de la plaza de España (la plantilla del Ayuntamiento, alcalde incluido, eran nativos saharauis -conviene aclarar lo de nativos porque allí también nacieron buen número de cristianos-, por lo que el guardia también lo era), y en el instante de la ceremonia de arriado y toque de oración, no se movía una mosca, pues detenía el tráfico, quedando en posición de primer tiempo de saludo, y los viandantes en posición de firmes. La Policía militar estaba a cargo de La Legión, con presencia abundante y rigurosa en las calles.

Las jornadas en la que la fuerza actuante le tocaba a La Legión había mayor ambiente en las calles para ver pasar a la banda de guerra desfilando, a   paso  legionario, ordinario  rápido,   hasta     la plaza de España. La tropa partía desde el acuartelamiento de Sidi Buya, que guarnecía el entonces denominado Tercio Sahariano Don Juan de Austria, 3 de La Legión. El Tercio por entonces disponía de Unidad de Música, que daba servicio también al resto de las armas y cuerpos. Su director era el capitán de Músicas  Militares José Mir Félix, disponiendo para sus traslados de una “gua gua”, marca “Pegaso”, modelo “5061 Comet”, matrícula ET 46993 (por cierto, la “gua gua” del BIR nº 1 era idéntico modelo y matrícula seguida, ET 46994, muy bien conservada, si se compara con la del Tercio que estaba algo más deteriorada). La fuerza legionaria participante (piquete) partía desde su acuartelamiento, ya indicado, que estaba en las afueras de la ciudad, un tanto alejado del Cuartel General,  desfilando al peculiar paso ordinario legionario cuesta arriba, pasando por diversos acuartelamientos a derecha e izquierda;  Sanidad, Sala Avanzada (especie de hospital), Batallón de Automóviles, Regimiento Mixto de Ingenieros, Grupo de Intendencia, Regimiento de Artillería  95,   Restaurante  Mariano  -donde, más o menos,   terminaba  la  cuesta,     cine      Las     Dunas,     seguido    del  CCE (Centro Cultural de los Ejércitos -Casino Militar-) … hasta la ya cerquita plaza. El resto de Unidades estaban instaladas por la zona de la  Sahia, algo más lejos que el escenario que nos ocupa, tratándose de las Fuerzas de Policía Territorial y la Agrupación de Tropas Nómadas (ATN III o Grupo III). La entrada de la formación militar legionaria, tipo piquete, con su fusilería, que bien se podía denominar comitiva, o cabalgata,  por el ambiente, alegría, apoyo,  marcialidad,  masificación y espectacularidad que arrastraba, la banda de guerra con sus tambores y cornetas al viento,  a la plaza de España, a paso ordinario, naturalmente, era tal que, a pesar de lo repetitivo de la ceremonia cada pocas jornadas, y durante muchos años,  la euforia y sentimiento jamás decaía, poniendo los pelos de punta a propios y extraños, complementados con vítores y aplausos. El piquete de La Legión abría marcha con su peculiar mascota (de mascotas legionarias ya hablé en un trabajo anterior), que hacía las delicias de niños y mayores. Era la guinda de La Legión al acto que estamos comentando, y que ya llega a su fín (pero habrá más, claro). Se arriaba solemnemente la bandera en la fachada oeste (Gobierno General del Sáhara, Cuartel General) y tras el toque de oración La Legión, con la misma solemnidad, volvía a su cuartel con el mismo ambiente, alegría, apoyo, masificación y espectacularidad, con que había sido recibida.

Y colorín colorado, y cerca de lo narrado,  al final hemos llegado.

FRANCISCO JOSÉ GONZÁLEZ DEL PIÑAL JURADO