La enfermedad, los síntomas y los efectos

gran-capitan--644x362Los tratadistas militares, en este blog y en otros medios, han criticado las últimas reformas militares: los cambios orgánicos, la enseñanza, la justicia y régimen disciplinario, las modificaciones de símbolos, nombres de unidades y de uniformidad, el ninguneo de todo lo militar hasta la Pascua Militar, etc. El Teniente General Pérez Alamán en su colaboración en este mismo blog “BRIPAC 50 – BOP 0” considera responsables de estas reformas a “los partidarios del cambio permanente, con razón o sin ella”, pero siento discrepar de esta opinión demasiado optimista. Hay razones para los cambios.

Cogiendo un símil médico, debemos saber distinguir las causas de la enfermedad, de los síntomas y los efectos. Todas las reformas anteriormente criticadas no son el verdadero problema, son los síntomas o los efectos, y como en toda enfermedad es imprescindible hacer un buen diagnóstico.

I G MNo hace falta ser buen observador para evidenciar que no ha habido desde el año 1981, ni hay, ninguna discrepancia en la política de Defensa en los sucesivos gobiernos españoles. Ni la mínima oposición en los partidos políticos del parlamento a las leyes que afectan a los militares, porque se deciden en los despachos y comisiones, sin discusiones en los diferentes foros públicos: todo sigue una línea trazada y consensuada tiempo atrás. A esta situación solamente se ha podido llegar por una operación de diseño, y no producto de la casualidad o de la mala suerte.

Siendo alumno de la Escuela de Estado Mayor, el entonces General Director, seleccionado por el Ministro de Defensa Narciso Serra, nos sorprendió diciendo en una clase magistral: ¿Qué significa que el Ejército es la columna vertebral de la Nación? ¿Qué es eso que el Ejército tiene que estar unido? ¿Para qué?

Pues me temo que ya sabemos para qué.

La Constitución española, nada más ni nada menos que en su Título Preliminar encomienda a Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

La definición de misión, según la RAE, es: poder, facultad que se da a alguien de ir a desempeñar algún cometido. Y lo tiene que hacer bajo su Mando Supremo y natural, que según la misma Constitución es el Rey.

Madrid/05/12/07/ Constitucion Espa–ola (Facsimil) En la imagen: Facsimil de la Constitucion Espa–ola de 1978. Foto: Gabriel Pecot

Foto: Gabriel Pecot

Nadie puede poner en duda, a estas alturas, del riesgo evidente de la ruptura de la unidad de España. Riesgo que se inoculó ¿inocentemente? en la Constitución y que después se ha cultivado con perseverancia: traspaso sin límite de las competencias a las autonomías, incumplimiento sistemático de ley de banderas, persecución del idioma español, la creación de fuerzas de seguridad autonómicas y la retirada de las nacionales, etc.

Es, por ejemplo, interesante y esclarecedor ver el diseño autonómico:

  • ¿Por qué no se respetaron los reinos de León, Castilla, Navarra, Aragón y Granada? Que son los que están en el Escudo de España, y se potenciaron entelequias regionales, inventos del siglo XIX con conocidas veleidades separatistas.
  • ¿Por qué se desgajaron de Castilla las provincias de Santander y Logroño, limítrofes con Vascongadas? ¿Por qué la capital de Castilla no se puso en Burgos, acaso estaba muy cerca de la región vasca?
  • ¿Por qué se dio la autonomía a Andalucía, saltándose la ley porque Jaén votó negativamente al referendo sobre la misma, y Almería lo hizo dos veces?

 La enfermedad.

121El concepto de España como Nación, se ha ido diluyendo entre dos extremos las fuerzas centrífugas y la globalización. Así se ha cedido “toneladas de soberanía” por un lado a los cantonalistas y, por otro lado, a desalmadas organizaciones supranacionales.

Solamente el Ejército era un obstáculo serio para el desmembramiento de España, al que sin prisa pero sin pausa se ha ido mellando, tanto desde el aspecto moral (sin mucho éxito por ahora) y en sus capacidades militares (con bastante éxito) al recortar progresivamente los famélicos presupuestos, que han obligado a reducir unidades, capacidades operativas, desmantelar la industria nacional de armamento, etc.

Los síntomas.

Los síntomas son los indicios de que algo anormal está ocurriendo en un organismo, he aquí algunos de ellos:

  • Las leyes promulgadas por Narciso Serra tienen prácticamente los mismos preámbulos, excepto la fecha, que las dictadas por Azaña, ese genio, adorado por la derecha, que abocó a España a una guerra civil para ser derrotado. Es de plena actualidad, y de recomendada lectura, el libro del General Mola: La tragedia de nuestras instituciones militares. el pasado, Azaña y el porvenir (Madrid 1934).
  • La rápida sucesión de leyes y normativas para modificar todo, por mor de supuestas modernizaciones, o el cambio por el cambio: el cambio permanente, sin razón o con ella”.
  • La denigración del patriotismo (solo el español, por supuesto) y la unidad (solo la de España, por supuesto), razones por lo que se denigra tanto a Franco, porque saben que encarna todo lo anterior.
  • La condecoración de los oficiales de la UMD, que perseguían un golpe de estado según el modelo comunista de la Revolución de los Claveles portuguesa; y para más agravante cuando estábamos en peligro inminente de entrar en conflicto bélico con Marruecos, por causa del Sahara (?).
  • Los ceses fulminantes del Teniente General Mena y el General de Brigada Pontijas por la grave falta de recordar la Constitución.
  • El Contraste de la disminución de los presupuestos de Defensa con la dilapidación de nuestros impuestos en todas las administraciones. Prueba fehaciente del interés en tener unas fuerzas armadas débiles: ¿Es que hay algo que defender? ¿Es que hay algo por el que merezca la pena perder la vida?annual7

Los efectos.

Determinada la enfermedad y los síntomas que la delatan, algunos de los efectos han sido los siguientes:

  • La supresión total de la autonomía militar. Tradicional en los ejércitos españoles desde la Restauración. Cada relevo de JEME ha sido aprovechado para limitar competencias y autonomía. Aunque más grave fue la supresión de la constitucional independencia del poder judicial: Montesquieu ha muerto.
  • Abandono de la política de defensa de la amenaza no compartida.
  • La “civilización” del Ministerio de Defensa, órgano administrativo, donde cualquier advenedizo es aprendiz de brujo, entrometiéndose en todos los asuntos militares hasta límites humillantes, incluso en el diseño de la fuerza para cumplir una misión.
  • La organización del Ejército sistémico, y la supresión de las grandes unidades tipo división, que tienen la virtud de romper el principio básico de la unidad de mando, favorecido por los militares que preconizaron que lo importante era tener grandes cuarteles generales sin unidades  subordinadas y transmisiones, porque las unidades combatientes las pondrían  naciones del Tercer Mundo.
  • 668b4-10417808_296625273874924_6072581661662572331_n2b1Desgajar de las Fuerzas Armadas los cuerpos de Sanidad, Jurídico, Interventores, etc., incumpliendo, una vez más, la Constitución.
  • La supresión del servicio militar obligatorio, en vez de su reforma y modernización.
  • La no promulgación de una ley de Movilización.
  • El empeño en externalizar la enseñanza militar, y todo lo que se ponga por delante (seguridad, logística…) Cuando la enseñanza militar es de contrastada eficacia, y precursora de gran cantidad de titulaciones civiles.
  • La colaboración entusiasta desde la propia institución, por deficiencias conceptuales o por apuntarse a la corriente política, que siempre puede suponer un plato de lentejas (o dos), como aquel mando, que siendo más papista que el papa, intentó prohibir la participación militar en la Semana Santa.

Salvador Fontenla Ballesta. General de Brigada (R).