Francisco J.González del Piñal Jurado-LA LEGIÓN QUE NOS UNE

Meditando sobre mi anterior artículo, del 13  de  Junio, en  el  que  reivindicaba relatos de la época fundacional, traigo hoy a colación uno un tanto peculiar.

Repasando antiguas revistas del Tercio, de entre mis archivos, me aparece el número 117, de la revista “La Legión” -Marzo de 1968, página 11, firma JSN-  donde me encuentro que el 13 de Febrero de 1968, dos caballeros legionarios de la Hermandad Provincial de Burgos vivieron un día muy solemne. El sargento C. L. Pedro Cebrecos Elipe, antiguo cornetín de órdenes en La Legión, del entonces teniente coronel Franco, consiguió saludar, de nuevo, antes de morir, al que sería su jefe directo en Marruecos. Estamos hablando de un subordinado del cofundador de La Legión, en la campaña marroquí, que se retiraría en 1945 con el empleo de sargento.

“Nada pido, ni nada quiero … Tengo 70 años, me siento viejo y no quiero morime si  antes saludar, de nuevo, a mi teniente coronel …”. Esta frase formaba parte del contenido de la carta que se le hizo llegar al jefe del Estado, a El Pardo, acogiendo Franco con simpatía la petición  de su antiguo cornetín,  concediéndosele audiencia para el martes 13 de Febrero citado. La Hermandad de La Legión burgalesa así se lo hizo saber al sargento, residente en Aranda de Duero, y “postrado en cama por achaques de los años”, testimonia el artículo-entrevista. Parece que su júbilo le sana en el acto y se presenta en Burgos a concretar los detalles del viaje; solicitando, dada su salud, ser acompañado por un miembro de su Hermandad, asistiéndole para tales menesteres el secretario de la misma.

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Emblema de la Legión

El día 13 a las 10 de la mañana llegan al Palacio de El Pardo. Del vehículo -un taxi, por más señas- descienden dos hombres vestidos de negro, protocolo en la vestimenta requerido para la ocasión, con cierta dificultad en sus zancadas, por parte de nuestro protagonista. Suben en ascensor al piso superior. Una vez en la sala de espera, advierte el secretario de la Hermandad legionaria la presencia de don Julio de la Torre Galán, general subinspector de La Legión, y del coronel del Tercio Sahariano 3, “Don Juan de Austria”, don Fernando Sanjurjo de Carricarte, ocurriendo los saludos de rigor. Llegado el instante de la audiencia el sargeno legionario burgalés  es introducido en el despaho de S. E., que le recibe con satisfacción, haciendo el Caudillo llamar también al secretario. Tras unos minutos de distensión, comentando también la asistencia a Millán-Astray cuando perdió el ojo. Llegó la inevitable hora de la despedida, tras recordar diversas vivencias legionarias históricas… Al despedirse de la audiencia Cebrecos le dice a Franco: “Excelencia : Ya puedo morir tranquilo después de haber cumplido este gran deseo en mi vida”.   Franco   se   despide  de   su antiguo cornetín, lo toma del brazo y le dice : “Pedro, no pienses en eso, aun estamos fuertes”.

FRANCISCO J. GONZÁLEZ DEL PIÑAL JURADO