EVOLUCIÓN ARMADA ESPAÑOLA (1975/ 2015) (III)

foto17Hasta no hace mucho era habitual la presencia de patrulleros con base en diferentes ciudades y puertos nacionales que, a la par que mostraban la existencia de la Armada, ejercían una labor de acción marítima hoy asumida por otras instituciones. Añádase a esto la paulatina desaparición, también, de la casi totalidad de las Comandancias y Ayudantías de Marina que existían en la mayoría de los puertos importantes españoles. Hoy apenas quedan unas pocas, si bien con competencias en nada comparables a las que tenían antaño. Todas estas competencias, que, dicho sea de paso, ejercían con gran eficacia, han sido traspasadas a otros organismos del Estado de tal forma que cabría decir que su responsabilidad actual no alcanza mucho más allá que a la propia representación institucional y poco más. Dudo mucho que en el conjunto de la eficacia de los asuntos de la mar se haya mejorado; más bien todo lo contrario. Son muchas las voces autorizadas que así lo reconocen y son oscuras las razones que nos han llevado a ésta situación. Bueno, sí, hay una para mí  bastante clara: la finalidad de apartar cuánto más mejor del quehacer nacional al elemento militar. En este caso a la Armada.

Anaga_01Los efectos de esta “desmilitarización” y presencia naval en los puertos españoles nos ha llevado también a algo, por otra parte, que afecta a lo que hoy denominamos cultura de defensa.

Reiteradamente oímos la necesidad de expandir la concienciación de la necesidad de la defensa así como a difundir o divulgar lo que son y significan los ejércitos como institución fundamental del Estado. Es lo que llamamos y ya he citado cultura de defensa.

Analicemos ahora este concepto desde el punto de vista de la Armada y desde la perspectiva de lo hecho en los últimos 40 años.

España debido a su condición geográfica, al desarrollo creciente del comercio internacional, a la no menos importante faceta de la explotación de los recursos marinos y por supuesto a su situación estratégica es sin duda un importante país de condición marítima. Lo es y lo fue; prueba de ello nos la da la historia de forma sobrada y sobre la que no me voy a extender aquí. Sin embargo no es exagerado decir que, a pesar de todo lo expuesto, una de las más trágicas desventuras del pueblo español ha sido su falta de mentalidad marítima.

En un magnífico libro titulado “La Armada esa desconocida”, editado allá por los años 80, sus autores plasmaron la necesidad de hacer llegar al español medio el conocimiento del papel que la mar juega en los destinos de España como nación, y de la imperiosa necesidad de contar con una Fuerza Naval como base de la supervivencia de la  misma. El titulo escogido fue, en mi opinión, bastante acertado; evidentemente entonces, y por desgracia hoy bastante más, la Armada sigue siendo una gran desconocida.descarga

Y eso que, en la época de la redacción del libro, la Armada se hacía presente de forma muy habitual en todos los puertos españoles mediante la recalada continua en ellos de sus buques. También, y como ya he dicho antes, muchos de esos puertos eran base de pequeños patrulleros; y si a esto unimos las competencias de la Armada en los asuntos de la mar- a través de las Comandancias de Marina – podemos constatar que la presencia naval en la costa era notable.

Lamentablemente, y a pesar de la reiterada llamada a la necesidad de una cultura de defensa, la Armada no sólo no es más conocida que entonces sino todo lo contrario. Hoy en la mayoría del territorio nacional no es que la Armada sea desconocida sino que es ignota. No se ha mejorado nada y se ha perdido mucho. Al menos antes en las ciudades costeras sí que se sabía de la Armada pero hoy ya ni eso siquiera.

¿Cuánto tiempo hace que una flota española no recala en Bilbao o en Barcelona algo que antes era habitual?

¿Qué fue de la otrora fuerte presencia institucional de la Armada en Barcelona, ciudad donde siempre fue esta bien recibida?

Y así en tantos otros sitios. Decía antes que el pueblo español carecía de  mentalidad marítima y así ha sido pero, hoy, si cabe, tiene esa carencia en mucha mayor medida.

foto7En definitiva, la Armada española actual, moderna, y sin embargo  pequeña para la entidad y condición marítima de nuestra nación, no es una marina equilibrada en capacidades como la de antaño, es una marina de menor entidad por lo que a unidades se refiere y tiene una presencia  en asuntos de la mar con competencias minoradas. Sus dotaciones que sin duda tienen una gran preparación profesional están afectadas en su moral por el desarrollo permanente y continuo de normas que les impide desarrollar su vocación naval y militar, hasta el punto de que hoy puede considerarse que en muchos casos su función es ya casi ocupacional algo que afecta sin duda a la eficacia del propio ejército como tal. El presente y el futuro de los hombres y mujeres de la Armada están marcados indefectiblemente por la Ley de la Carrera Militar actual y por las  precedentes. Los efectos -buenos o malos- de estas leyes son difícilmente corregibles y las medidas derivadas, ya en desarrollo, que afectan a los modelos de enseñanza, a los sistemas de ascensos y a la desigual integración de escalas  han hecho mella en la moral y sin duda en lo que denominamos hoy motivación y expectativas profesionales de los afectados que son en mayor o menor medida todos.

Esta es, en mi opinión, la situación real de hoy. Opinión seguramente no compartida por aquéllos que tienen la responsabilidad de la dirección de la política de defensa en los asuntos de la mar y en concreto de la Armada. Al menos es lo que deduzco de las manifestaciones públicas que al efecto leo una y otra vez en los medios. Unas manifestaciones que si bien reconocen la crisis a la que hay que hacer frente como consecuencia de las restricciones presupuestarias, por lo demás están llenas de optimismo, cuando no de triunfalismo; sin embargo la situación es bien diferente y no precisamente por las penurias económicas sólo.  No soy yo quien para responsabilizar a nadie de aquellos con quienes compartí durante años las responsabilidades del mando en la Armada; todo lo contrario. Admiro su dedicación entre otras cosas porque es precisamente por eso que soy consciente de su impotencia real para dar soluciones a los problemas que acechan a nuestra Armada y que tienen su origen en territorios bien distintos a los de la propia institución.patrullero-ordonez-armada

Sí. Impotencia real para hacer sentir el peso de la propia Armada. En cualquier empresa que se precie es conocido el peso que el Consejo de Administración de la misma tiene en las actividades de la misma. No siendo exactamente igual –porque no lo es – el Consejo Superior de los Ejércitos siempre fue un organismo importante en las decisiones que afectaban a cada ejército. En la Armada también. Lo que otrora fue conocido como “el Almirantazgo” tenía en tiempos pretéritos una función importante en la dirección de los asuntos específicos de la institución. Su voz era importante y tenida en cuenta su opinión, incluso vinculante en muchas ocasiones, en asuntos de trascendencia. Hoy con el devenir de los tiempos y por mor de las normas emanadas en los últimos tiempos, si bien sigue existiendo, su función es cuasi testimonial y limitada exclusivamente a un asesoramiento al Ministro de Defensa si es que se le solicita alguna vez. El organismo que en otros tiempos tuvo un peso específico en las decisiones que afectaban a la Armada ha visto mermada su capacidad de influencia en cualquier asunto de importancia.

tagomagoEl mando y dirección de la Armada siempre correspondió como es lógico a su Almirante, sin embargo no es menos cierto que sus decisiones se apoyaban las  más de las veces no sólo en los asesoramientos de su Estado Mayor sino también en la del Consejo Superior de la Armada órgano compuesto por todos los Almirantes y Generales con mando. La paulatina “descafeinización” de este órgano ha supuesto en gran medida una merma de la capacidad de la Armada para las grandes decisiones. Por ejemplo, y sin necesidad de mayor explicación, la obligatoriedad del criterio del Consejo en la designación del Almirante Jefe del Estado Mayor de la Armada.

No puedo terminar este artículo sin hacer mención a dos aspectos del devenir de la Armada en estos últimos 40 años y que sin duda, al igual que en el conjunto de las Fuerzas Armadas, han tenido su relevancia. Me refiero al cambio sustancial que han supuesto de una parte la participación en operaciones en el exterior y de otra los efectos que la lacra terrorista de ETA ha tenido sobre nuestra marina de guerra.20130210-especial-r11-principe-asturias-bandera-combate-04

A mediados de los años 70 la principal actividad operativa real de la Armada estuvo ligada a la situación de nuestro ejército en el otrora Sáhara Español. La actividad de la Armada consistió fundamentalmente en el transporte de unidades del ejército al territorio y sobre todo en la magnífica ejecución del repliegue y retirada a territorio nacional del entonces ejército de África. Una operación logística nada sencilla en la que se embarcaron y transportaron hasta las Islas Canarias y a la península hasta 25000 hombres y abundante material pesado.

Pero fue a partir de los años 90 cuando empezaron a proliferar las operaciones en el exterior y que propició en las actividades de nuestros buques y unidades de infantería de marina un cambio drástico, toda vez que ya las actividades no se limitaban a ejercicios o maniobras sino a participación en operaciones reales. Así, la Armada ha estado en los conflictos del Golfo, en la antigua Yugoslavia, Kosovo o más recientemente en  Libia. Participa desde el año 2001 en las operaciones “Libertad Duradera” en el Índico y en la “Active Endeavour” en el Mediterráneo y desde 2008 está inmersa en la lucha contra la piratería en el Índico en la Operación “Atalanta”. Todo ello sin olvidarnos también de las operaciones de asistencia humanitaria en Centroamérica, en Haití, Indonesia e Irak.

525745Evidentemente una extensa actividad que ha marcado un antes y un después en la forma de afrontar las acciones navales propiciando un cambio de mentalidad en los hombres y mujeres que hoy componen la Armada. Un cambio similar al experimentado por los otros ejércitos.

Y mencionaba antes también lo que para la Armada supuso la barbarie terrorista de ETA que al igual que en los otros ejércitos, y sobre todo en la  Guardia Civil,  tuvo que sufrir incontables atentados en las Instalaciones Navales de Bilbao y San Sebastián así como el asesinato de numerosos de sus miembros sin que en ningún momento hubiera merma alguna en la moral. Los caídos siempre estarán en nuestro recuerdo pero la banda asesina ETA no merece ni una línea más.

Y quiero terminar este artículo mirando la botella medio llena pues pese a todo creo que se mantiene vigente la excelente lección de moral militar que el General Franco impartió a la Academia General Militar con ocasión del cierre de ésta al comenzar la II República, allá  por el año 31 del siglo pasado. Dijo entonces el General, entre otras cosas, que “la máquina se deshace pero la obra queda” y nunca más cierta esta aseveración, hoy, cuando vemos que, pese a todo, nuestros buques y unidades de infantería de marina acuden allí donde se les requiere  dando muestras de su valía una y otra vez. Y lo  hacen así porque sus mandos y dotaciones mantienen, a veces contra marea, todo el mismo espíritu y moral que sus antecesores.

La España de hoy no es de ninguna manera la de entonces toda vez que la sociedad ha evolucionado al compás de los tiempos; sin embargo leyendo el magnífico libro la “guerra silenciosa y silenciada” que los hermanos Fernando y Salvador Moreno de Alborán escribieron con detalle, hace unos años, se puede deducir que algunas de las normas que se implantaron a comienzos de la Segunda República y que afectaron gravemente a la Armada de entonces tienen muchas similitudes con las implantadas a lo largo de estos últimos años. Dicen que la historia comienza cuando acaba la pasión política y de aquellos hechos ha pasado ya mucho tiempo. Es necesario reconocer sin apasionamiento que aquellas normas no condujeron a nada bueno y que, hoy, siendo necesaria la reorganización continuada porque la evolución de la sociedad lo exige, se hace perentorio no caer en los mismos errores de entonces._visd_0000JPG002IR

Sucede, sin embargo, y sin necesidad de irse tan lejos, que de la lectura de lo escrito y estipulado por algunos ideólogos de la reforma militar, emprendida hace 45 años, se pueden extraer conclusiones clarividentes de todo cuanto ha acaecido en nuestras FAS en este periodo de tiempo. La lectura de, por ejemplo, el libro titulado “La transición militar”, escrito por el que fuera Ministro de Defensa Narcis Serra, abre la luz al por qué de lo que yo entiendo tanto desatino. En ese libro se detallan punto por punto, y paso a paso, cuanto había que hacer para transformar nuestras FAS de un ejército institucional – como marca la Constitución, por cierto – en uno ocupacional, de cómo había que desvincular a los ejércitos de todo quehacer nacional, de cómo había que minorar la capacidad decisoria de los mandos militares, de cómo había que detraer de los propios ejércitos cualquier tipo de autonomía sobre sus componentes, de cómo se hacía necesario modificar el conjunto de los valores propios de los militares, etc. No se extrañe nadie. Todo está escrito.

En estos tres artículos he descrito, desde mi perspectiva personal, el devenir de la Armada española en estos últimos 45 años. Sin duda, muchos cambios han respondido a la demanda de los tiempos, pero no es menos cierto que también lo han sido siguiendo un derrotero marcado por fuerzas empeñadas en una transformación de las FAS ligada a objetivos en mi opinión destructivas de nuestra Patria. Se da carta de naturalidad a la celebración, por ejemplo, del día de la fiesta nacional, el pasado 12 de octubre, cuando dos regiones se muestran en abierta rebeldía ¿la ausencia de los presidentes de la Comunidad vasca o catalana no lo es? ¿Acaso no lo es cuanto vemos hoy en Cataluña?

Emblem_of_the_Spanish_Navy.svgEn definitiva, es necesario aprender de la historia, sin caer en el tópico de que tiempos pasados fueron mejores pero sin ocultar la verdad de los hechos acaecidos, para bien o para  mal. Una labor que atañe a historiadores, sin duda, pero aún más a los que la hemos vivido y que tenemos obligación de transmitir a los que nos suceden tal como la hemos conocido.

General de División (R.) de Infantería de Marina Juan Chicharro Ortega

17 Octubre 2015