EL SAHARA. ALGÚN RECUERDO Y MUCHAS LECCIONES

im7pHay veces que los astros, o las meigas, se alinean en un pertinaz empeño de conducirnos a ciertos sitios. Es lo que me está pasando a mí este año de 2015, en el que hemos conmemorado hace unos días el 40 aniversario de la salida de nuestra promoción de las Academias Militares, con nuestra ansiada segunda estrella en la bocamanga…. camino del Sahara. La última entrada en este blog de mi buen amigo el General Chicharro, recordaba el Sáhara la semana pasada y estos días he sabido que los veteranos de Tropas Nómadas han convocado una “Yemaa” en Burgos en memoria del soldado de Tropas Nómadas Angel Moral Moral, muerto alevosamente por sus compañeros de patrulla nativos, cuando se rebelaron contra sus oficiales y compañeros y en un deleznable acto de deslealtad, cobardía y traición los hicieron prisioneros.

Lo que ahora me pide el cuerpo transcribir son las muchas lecciones de humanidad, de moral militar e incluso de heroísmo impregnaron a quien les escribe, hoy soldado viejo, con experiencia en operaciones en los Balcanes, en Angola o en Afganistán, entonces joven teniente que solicitó y ocupó un puesto en el Batallón de Instrucción de Reclutas del Sahara, y que a los dos meses, se incorporaba orgulloso a la Legión, como teniente de la 6ª compañía, de la VIII Bandera del Tercio Sahariano don Juan de Austria 3º de La Legión. foto1

Y empezaré (aunque la modestia me haga bola en el estómago, la cronología lo demanda) por la incorporación de mi propia promoción a los destinos del Sahara. Nos acortaron la carrera unos meses, pero no era por una cuestión baladí. Como recordaba mi amigo el coronel Lorenzo Navarro de los Paños recientemente en un ocurrente sainete:

del Palmar” nos llamaron

con poco tino y verdad

pues si salimos en marzo

fue por causa muy evidente

¡hacían falta tenientes

en provincia de ultramar!

Y así fue, pues la XXX promoción de la Academia General Militar, sin distinción de Arma o Cuerpo ocupó cuantas vacantes se ofrecieron tal era el espíritu de “solicitar el puesto de mayor riesgo y fatiga” que nos inculcaron nuestros mayores. Allí nos fundiríamos con los de la XXIX Promoción que hacía lo propio. El Mando, por su parte, se encargaba de fomentar estas vocaciones ofreciendo la posibilidad de ocupar puestos en las unidades operativas del Sahara, en comisión de servicio por períodos de un mes. Pero esta posibilidad se cortó a raíz del secuestro de las patrullas de Tropas Nómadas, que es el siguiente tema que me propongo abordar. f2

En efecto, a los pocos días de incorporarnos a nuestros destinos en las unidades del territorio, el 12 de Mayo de 1975, se recibió en el Aaiún la visita de unos representantes del Comité de Descolonización de la ONU, encabezados por Simeón Aké, un político de Costa de Marfil. Visita programada y aceptada por el gobierno español, pero que sirvió de puesta de largo al Frente POLISARIO. Yo creo que sorprendió a todos su irrupción. Unos días antes, el 9 de Mayo había sido secuestrada por los propios soldados nativos, en los alrededores de Amgala, la Patrulla Pedro, del Grupo de Tropas Nómadas de Smara que mandaba el Teniente Lorenzo, con el Tte Sanchez Venegas (hoy Coronel Sanchez-Gey Venegas) como adjunto. Desde entonces todo fueron especulaciones, desconfianza, sospechas y rumores, lo que en el argot llamábamos “javaras”. A pesar de todo, dos días después, el 11 de Mayo, fue secuestrada la patrulla “Domingo” de Mahbes, que mandaba el Tte. Fandiño y que tenía como adjunto al Tte. Juan Antonio Alvarez Jimenez. 3

Ambas acciones respondían a un plan premeditado y bien trabado. Los soldados nativos se revelaron estando “abarracados” después del frugal almuerzo del mediodía, cuando ya se había efectuado el preceptivo enlace radio con sus bases para dar así tiempo a desplazarse durante toda la tarde sin levantar sospechas y ganar la oscuridad de la noche antes de que el último enlace radio levantara sospechas en las bases. La sorpresa y el desequilibrio de fuerzas (8 peninsulares frente a 26 nativos en cada patrulla) lo decidieron todo.

Pónganse Vds., amables lectores, en situación. Al mando de una patrulla compuesta por soldados nativos y soldados españoles de remplazo (llamados por aquellos “goropeos”). Soldados que conoces, que has instruido, con los que has compartido el pan, el té y las peripecias del desierto. Soldados en los que confías, o mejor, a los que no puedes mostrar tu desconfianza. Sin más cordón umbilical con tu base, con las posibilidades de apoyo, que tres sucintos enlaces de radio en todo el día. Así fueron capturadas y secuestradas las dos patrullas por soldados a los que España había dado su confianza, les había proporcionados unos medios de vida, por lo general muy superiores a sus paisanos y que habían jurado “obedecer y respetar a sus jefes y no abandonarlos nunca”. Soldados permeables al mensaje que con apoyos exteriores sembraba en todo el territorio el F-POLISARIO. Unos ramalazos en lo más álgido de la guerra fría en un momento de debilidad política en España debido al deterioro físico del Caudillo. Buena ocasión para la reflexión y el debate de nuestros jóvenes cuadros de mando, oficiales y suboficiales –algunos, me consta, son lectores asiduos de este blog- que se pueden ver avocados a enfrentar situaciones de mando similares en algunas unidades, especialmente en operaciones que desempeñan en el exterior.

No me voy a extender en las vicisitudes de la captura y secuestro de los cuatro tenientes, dos sargentos y 10 soldados peninsulares que integraban las Patrullas Pedro y Domingo. Me remito – y les invito – a leer el libro que, el ya coronel Sanchez-Gey publicó hace ya diez años, con ocasión del trigésimo aniversario de aquel suceso. Se trata de “Cautiverio en el Sahara” que, si bien no es fácil dar con él en cualquier librería, si lo es a través de internet. No espere quien a él se acerque, un relato novelado al estilo de “Embajadores en el Infierno” escrito por un renombrado autor que ponga en valor el aguante de nuestros compatriotas ante los padecimientos físicos, psíquicos y morales a que fueron sometidos. Se trata de la transcripción casi literal de unas cintas de casete en las que el autor, recién liberado en el mes de septiembre de aquel 1975 vertió sus más inmediatas ideas y sensaciones tras la liberación. En su sencillez reside su grandeza. Espacio hay y en abundancia para que cada lector lo valore por sí mismo. 4

Pero si me gustaría poner de manifiesto otro episodio, otra gran lección que yo saqué de todo aquel suceso y que no mucha gente conoce. Los quince españoles fueron puestos en libertad el 7 de Septiembre, en la embajada de España en Argel, hasta donde se había desplazado el Ministro de Asuntos Exteriores Pedro Cortina Mauri. De allí fueron a Madrid, donde tras el preceptivo reconocimiento médico en el hospital Militar Gómez Ulla fueron recibidos por las más altas autoridades, incluido el Príncipe de España, don juan Carlos que ejercía por entonces la Jefatura del Estado Español por la enfermedad del Generalísimo Franco. A continuación marcharon a disfrutar de un merecido descanso. 5

Solo uno regresó al territorio: el Tte. Sanchez Venegas, que se incorporó a su Grupo de tropas Nómadas que, tras la Marcha Verde y el inicio del repliegue en todo el territorio, se encontraba guarneciendo la base de Bu Craa. Allí coincidí con él en las Navidades porque me enviaron desde Cabeza de Playa al mando de la Sección de Armas de Apoyo de la 6ª Cia de La Legión para reforzar la base de Bu Craa que sufría continuos hostigamientos nocturnos. Con las manos aún temblorosas y alguna lágrima furtiva, Sanchez Venegas nos leyó la carta que acompaña este relato. Era una carta escrita por su propio padre, el comandante Sanchez Gey, desde el campamento de Cerro Muriano. En esa carta que lleva por título ¡Viva España! ¡Viva! el padre del teniente da una auténtica lección de entereza, de moral ante la adversidad. Tiene el inmenso valor de estar escrita durante el cautiverio de su hijo, cuando no sabe si lo volverá a ver. Y recuerda, rememorando a Kipling, como su esposa abatida por el sueño, se dormía con los ojos fijos en un punto del mapa donde un compañero le había señalado la posible ubicación de su hijo. Todo ello pone de manifiesto de manera palmaria el valor de la familia como potentísimo soporte y motor de energías para todos los que nos hemos visto lejos de ellas impelidos a dar lo mejor de cada uno. Otra de las grandes enseñanzas a extraer de estos sucesos.

Años después, en 2013, La Academia de Infantería se vestía de gala para la entrega del Premio Gran Capitán, galardón instituido por el Arma de Infantería, y que se otorga cada cuatro años para distinguir a un infante insigne de cualquier empleo. En aquella ocasión la designación recayó en el Teniente General Juan Antonio Alvarez Jimenez, otro de los protagonistas y sufridores del episodio que centra estas líneas. Se trataba sin duda del reconocimiento de todos los infantes a su brillante trayectoria militar, y de manera implícita, al hecho de haber sabido reponerse a aquel temprano y alevoso recuerdo desarrollando una carrera militar que tal reconocimiento quería poner como ejemplo a las generaciones futuras de infantes. En aquella solemne ocasión el Teniente General Medina, el infante más caracterizado en activo, en su intervención ofreció a todos los presentes, en especial a los cadetes y alumnos que pronto habían de dejar las aulas de la Academia de Infantería para integrarse en las unidades del Arma, las “Reflexiones Militares” del Teniente Coronel Sanchez Gey padre como autentico manual de moral militar. Otra circunstancia a poner en valor que se desprende de esta historia con tantas facetas. Pero no será la última. 6

Periódicamente, los componentes de aquellas patrullas y compañeros de cautiverio se vienen reuniendo, para abrazarse, recordar sus vivencias y a los que ya van faltando. Este año, por iniciativa de la Hermandad de Veteranos de Tropas Nómadas y contando con el decidido apoyo del Gral. Alcañiz, Jefe de Fuerzas Pesadas y Comandante Militar de Burgos, los días 7 y 8 de Mayo se van a reunir todos en la ciudad que guarda los restos del Cid, que también padeció destierro. Y desde allí se desplazarán a la localidad de Quintanilla del Agua, patria chica del Soldado Angel Moral Moral, para rendirle un póstumo y debido homenaje. Continuarán los actos ambos días ya en la capital burgalesa. 7

Será también ocasión para recordar al Tte. Juan Alvarez Aragón, el primer caído en acto de servicio de la XXX promoción el 18 de Julio de 1975, cuando se encontraba destinado en la Base de Tropas Nómadas en el Argub. Una promoción que se honra en contar entre los suyos al último miembro de la Agrupación de Tropas Nómadas en activo: El Teniente General Juan Aparicio, Jefe del Mando de Personal con quien también compartí un trozo de desierto en los alrededores de Dahora. Una ocasión, en definitiva para que los viejos 8legionarios, nos volvamos a hermanar con los nómadas y con todos los que con su esfuerzo rotularon hamadas, sahias, gueltas, sebhas y dunas sintiendo la inmensidad de aquel territorio simplemente porque en él, y sobre él, ondeaba la Bandera de España.

Adolfo Coloma Contreras

General de Brigada (R) del ET

27 Abril 2015

– CARTA DEL COMANDANTE SÁNCHEZ-GEY ESCRITA DURANTE EL CAUTIVERIO DE SU HIJO  EL TENIENTE JOSÉ MANUEL SÁNCHEZ-GEY VENEGAS:

¡VIVA ESPAÑA!.. VIVA!

Los muchos títulos que se me han ocurrido para estas líneas, han cristalizado en esta exclamación; en este grito; en esta voz de nuestro reglamento de Actos y Honores.

Títulos como…”Impaciencia del corazón” ó “Una daga clavada en el corazón de una guarnición” recogiendo cuanto digo, me han parecido, por mi torpeza de expresión, condicionada por lo que de cerca me roza lo que digo, que no darían idea como el que he estampado en el frontispicio. Es ese grito con el que en la alegría y en el dolor; en la adversidad y en la felicidad; en toda ocurrencia patria se patentiza el vibrar del alma de España.

He considerado que ni mi discreción ni mi silencio deben continuar; ni tampoco que la espera de ese acontecimiento feliz de la total liberación de nuestros Oficiales, Suboficiales y Tropa, cautivos desde la primera decena de Mayo debe mantenerse silente; cuando ni el dolor ni la zozobra de tener entre ellos a mi hijo, han apartado de mi mente, ni de mi sentir, ese cúmulo de sensaciones que los acontecimientos en el Sahara, necesariamente han de producir en un militar.

Por eso, con título para estas líneas y tras la decisión después del considerando, quiero dejar constancia de mi orgullo de poderme llamar compañero de los miembros de esa guarnición del Sector del Sahara, que viviendo el momento que les ha tocado vivir, han sabido y saben estar a la altura exacta, con el talante apropiado, con la hondura propia de un puñado de españoles que están haciendo su historia.

De alguna forma, en esta alusión de grupo, quiero que se consideren incluidos cuantos españoles civiles facilitan la labor de España en aquel territorio, y por supuesto, los familiares de unos y de otros.

No he estado nunca en el Sahara, pero no será necesario decir que tengo el Sahara metido en mis entrañas, que ya no es sólo el haber devorado los periódicos, espigado en viejas y nuevas revistas y haber pasado mis ojos por el mapa explorando ese Sahara que desde las orillas del Nilo, viene a besar las aguas atlánticas. Cuántas veces he recordado desde Mayo aquella película en que la madre de un hijo en campaña, tiene como consuelo de la no llegada del hijo de permiso, el tener puesto su dedo y sus ojos hasta que se cierran de sueño sobre el punto del mapa en que un compañero le ha señalado que está el lugar donde se encuentra ese hijo que no ha llegado.

Pero vayamos a lo que en verdad quiero traer aquí como una reflexión al filo de las circunstancias; cuando los acontecimientos nos han hecho alcanzar el hito del dolor.

La XXIX y XXX Promociones han entrado en línea. Estas promociones en una imponente impaciencia del corazón tienen un caído; ¡Teniente Gurrea! ¡¡¡Presente!!! Y tres Tenientes sufriendo cautiverio; con ellas, el Teniente Lorenzo, de la XXVII, y últimamente, allí también, en ese Sahara caliente, un Oficial muerto en accidente.

Toda Promoción deja una huella de sus primeros pasos en el Ejército. En la actualidad, en su año del C.I.R., por cada Teniente pasan muy cerca de mil reclutas; mil hombres de España, que recuerdan a un joven Oficial que al unísono con su juventud, como hermano mayor de esa familia que es la Compañía; ejerce la responsabilidad de ser, el Teniente del Capitán.

La historia manda y dos promociones, una que aún tendría que estar en los C.I.R,s. y la siguiente en la Academia; andan ya en número tal que es orgullo del Ejército; garantía de que su ESPIRITU está en pie; PATRULLANDO EL DESIERTO. Centinelas de la Patria, Cielo y Tierra de la mejor tradición africana, cubriendo vacantes con premura de anticipo para sufrir por España. Porque los aconteceres son así: si alguien dijo en un momento crucial de la Patria: “queremos a España porque sí”. Hoy, salvados el tiempo y el espacio, esta generación palpitante de las promociones XXIX y XXX dice: Pedimos el Sahara porque sí; y con ello no defraudan a la capitanada del Ejército y de la Patria.

Después, el acontecer; la vibración de España. Toque de llamada que coge a esas dos promociones y a las anteriores prestas en la Plaza de Armas del Deber; alertadas por un toque de Asamblea…, dispersas hechas hitos de misión, conectadas de un único espíritu; Hombres en pie, guardia presta, arco tenso…y la MISION, sólo la MISION y el desierto noche y día, cielo, piedra y arena.

El Teniente se madura por jornadas; jornadas de rodar, de caminar o de esperar, y se va metiendo dentro…dentro en la arena.

El estallido de los acontecimientos produce pasmo y el Sahara se hace silente, acechante, desconfiado, impresionante y al par, un libro donde leer a los hombres y donde los hombres aguantan, sientes; gozan sufriendo, porque siempre piensan que otros sufren más.

Y cuando el desierto se viste de noche y las estrellas no alumbran la HAMADA el centinela atisba el horizonte; el caminante se para y el cautivo…con sueño de estrellas y de amores, reza una oración callada, serena y esperanzada.

CTE. SÁNCHEZ GEY, AGOSTO 1975

CAMPAMENTO DE CERRO MURIANO