El humanismo cristiano

EL HUMANISMO CRISTIANO 

CreateAdamAnte las referencias al humanismo en el artículo de mi querido General Alamán y el debate que he mantenido con el en referencia al humanismo cristiano, me parece necesario y oportuno hacer una especie de síntesis de las ideas y valores esenciales de ese humanismo cristiano, para que se  pueda comprender la cuestión de lo que es este humanismo en nuestros tiempos.

La formulación más antigua consideraba el humanismo como un espíritu, una voluntad y un método. Un espíritu de optimismo, de medida y de adaptación; una voluntad de ser hombre que avanza hacia la perfección; y un método de filosofía moral que apela a todas sus virtudes y a todas sus posibilidades.

La moderna formulación del humanismo cristiano dice: “Es por consiguiente el hombre, pero el hombre todo entero, cuerpo y alma, corazón y conciencia, inteligencia y voluntad”.

renacimiento06Ya se había hablado del hombre integral, el hombre fenoménico con estas palabras: “el hombre trágico en sus propios dramas; el hombre y superhombre de ayer y de hoy y, por lo tanto, frágil y falso, egoísta y feroz; luego el hombre descontento de sí, que ríe y que llora; el hombre versátil, siempre dispuesto a declamar cualquier papel, que piensa, que ama, que trabaja, que está siempre a la expectativa de algo; el hombre sagrado por la inocencia de su infancia, por el misterio de su pobreza, por la piedad de su dolor; el hombre individualista y el hombre social; el hombre que alaba los tiempos pasados y el hombre que sueña en el porvenir…”.

Existe un hombre interior y un hombre social. El hombre interior es un ser creado a imagen y semejanza de Dios, constituido de alma y cuerpo, dotado de inteligencia y capacitado para la verdad y el conocimiento. Posee una conciencia moral que, a modo de ley escrita en su corazón, le permite distinguir entre el bien y el mal. Es un ser libre y el uso de su libertad es inherente a su dignidad. En función de él se ordenan los bienes de la tierra. Su vida es una lucha dramática entre el bien y el mal, entre la vocación sublime y la miseria profunda. Pero ha sido creado para un destino trascendente más allá de la vida.society

El hombre social se caracteriza por tres notas. Primera, es la única criatura que Dios ha amado por sí misma y no puede encontrar la plenitud de su vida si no es en la entrega sincera a los demás. Segunda, tiene derecho a la igualdad y a no ser discriminado respecto a sus semejantes. Tercero,  tiene derecho al respeto a su persona.

El hombre que he descrito en los párrafos anteriores está sometido en nuestros días a paradojas, cambios, discrepancias, desequilibrios e interrogantes, lo que no implica una visión pesimista sino la constatación de unas realidades que no son suficientes para anular la visión optimista y esperanzada.

Entre las paradojas cabe señalar que, mientras el hombre amplía extraordinariamente su poder, no siempre consigue someterlo a su servicio; que conoce con profundidad creciente su intimidad social y espiritual, pero se siente con frecuencia más incierto e inseguro; que descubre paulatinamente las leyes de la vida social, pero duda de la orientación de esta, del destino al que nos lleva; que nunca tuvo el género humano a su disposición tantas riquezas, pero gran parte de la humanidad sigue en la miseria; que nunca ha tenido el hombre un sentido tan intenso de su libertad, pero surgen nuevas formas de esclavitud económica y sicológica; que hayan aumentado los medios de comunicación, pero los conceptos más fundamentales revisten significados diversos y se comunican de manera diversa según el medio; y que se busque un orden temporal más perfecto, un nuevo orden mundial, pero no se avance de manera paralela en la mejora del orden espiritual. 

Entre los cambios destaco que estamos en permanente cambio, en la técnica, en el orden social, moral o sicológico, y sobre todo político. No tenemos más que ver los eslóganes de las campañas electorales, todos prometen el cambio.

Lo anterior nos lleva a unos desequilibrios entre la inteligencia práctica moderna y una forma de conocimiento que no consigue ordenar todos los que se reciben; entre el afán por la eficacia práctica y las exigencias de la conciencia moral; entre las condiciones de la vida colectiva y las exigencias de un pensamiento personal y propio; y entre la especialización profesional y la visión global de las cosas.

1448051186_290783_1448051583_noticia_normalDe los desequilibrios surgen las discrepancias en la familia; entre las generaciones; raciales y sociales; entre los países ricos y los países pobres; entre las instituciones supranacionales y el egoísmo nacional; entre las pretensiones regionales y la unidad de los países.

Ante este panorama de paradojas, cambios, desequilibrios y discrepancias se plantea los grandes interrogantes de la vida: ¿qué es el hombre?, ¿cuál es el sentido del dolor, del mal, de la muerte?, ¿cuál es el sentido de las expresiones legionarias de “el novio de la muerte y viva la muerte”? ¿qué puede el hombre ofrecer a la sociedad en la que vive y que puede esperar de ella?,  ¿qué hay después de esta vida temporal?

Nos costará entender esto. Parémonos a pensarlo detenidamente, porque es la respuesta a aquellos interrogantes. Y además si la comparamos con cualquier otra respuesta que podemos encontrar en otras creencias o ideologías, veremos que esta tiene mayor valor y ventajas. Significa que Cristo, el Cristo de la Buena Muerte de Los Legionarios, el Cristo de Ánimas de Ciegos de Los legionarios Paracaidistas, muerto y resucitado, da al hombre su luz y su fuerza a fin de que pueda responder a su vocación personal; que no se la ha dado a la humanidad, en contra de los mitos revolucionarios, otro nombre para lograr la salvación; que la historia humana encuentra su explicación y su fin en Cristo, Señor y Maestro; y que bajo todo lo cambiante hay cosas que permanecen porque encuentra su fundamento en el Cristo de hoy y de siempre.claustro-monasterio-de-santo-domingo-de-silos-4

No busquemos en ningún programa electoral ni en ninguna ideología política esta respuesta. Pero no por ello la rechacemos. Guardemosla para nosotros y si nos fuera posible hagamos comparaciones y difundamos la que nos convence e identifique plenamente con nuestra condición de un humanismo cristiano, aunque con ello nos enfrentemos a la corriente de opinión dominante, porque esta cambiará y, sin embargo, nuestra respuesta será permanente.

Pedro Motas