A vueltas con el valor y la inteligencia

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El blocao de la Muerte

Este mes de Julio, prodigo en noticias y sucesos que han ido salpicando el panorama internacional en plena  la calorina que estamos padeciendo sea transitoria o debida al pretendido “calentamiento global” el ayuntamiento de la capital nos vuelve a incitar a la reflexión sobre el valor y la inteligencia que, como formas antagónicas se dan cita ante una expresión tan cierta como cierta como manipulada: ¡viva la muerte!

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Anuncio de SHAKLETON

FOTO 3. CARTEL DE RECLUTAMIENTO DE LA LEGION

Cartel de reclutamiento de la Legión

Si bien es cierto que al grito de ¡viva la muerte! se lanzaban al asalto los legionarios en combates como Casabona, Peña Tahuarda, el Malmusi y tantos otros,  era la sublimación, en un momento decisivo – como lo es un asalto a pecho descubierto – de unos hombres congregados voluntariamente por el Teniente coronel José Millán Astray para formar un cuerpo militar de élite y resolutivo. Así lo ha sido La Legión  a lo largo de sus casi cien años de historia.  El fundador convocó a sus hombres con un lenguaje y con un espíritu muy similar al que desplegó el explorador antártico Ernst Shakleton unos años antes para reclutar  la  tripulación del Endurance  con el propósito de realizar la primera travesía antártica: “Se buscan hombres para viaje peligroso. Sueldo escaso. Frío extremo. Largos meses de completa oscuridad. Peligro constante. No se asegura el regreso. Honor y reconocimiento en caso de éxito”.

Si comparamos este anuncio con los primeros pasquines de los Banderines de enganche de La Legión, además de comprobar las evidentes similitudes en el lenguaje, concluiremos que ambas empresas no son para hombres llamémosles “convencionales” sino para gentes de una raza especial, capaces de darlo todo por la empresa –todos juntos formamos bandera, dirán los legionarios- en circunstancias en las que, unos por las extremas condiciones ambientales a las que se tendrían que exponer y los otros por el supremo momento de enfrentar al enemigo, suponen una afirmación personal, de renuncia a su propia vida en aras de un bien que se les antoja superior: el éxito en la empresa, el valor fundado en la camaradería de los que compartiendo peligros ciertos, saben que unos dependen de los otros.

Y es que el oficio de soldado hace de “el valor” uno de los valores – permítanme la redundancia – de la profesión, tal vez el más singular de ellos. En efecto, muchas otras ocupaciones profesionales requieren organización, disciplina compañerismo, amor a la profesión, pero solo al soldado le es exigible el valor. Claro que el valor no es una cosa que se improvisa, se cultiva, se practica, requiere una práctica constante. En otro artículo anterior en torno a la condición física del militar y a la superación de obstáculos, lamentaba la falta de actividades orientadas a ejercitar el valor, como la equitación, el salto de aparatos, los deportes de contacto etc. Ahora solo trato de poner en valor “el valor” – vuelvan a ser indulgentes con tanta redundancia –

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Las cargas del IGAN. Augusto Ferrer Dalmau

Pero el valor no ha de ser irracional sino reflexivo, basado en una estimación objetiva del riesgo y el compromiso moral con la misión y con la propia unidad y exige, no lo duden sacrificio. Todas las operaciones militares, ofensivas y defensivas requieren de unos esfuerzos realizados por unidades que asuman riesgos muy superiores: el asalto, la infiltración en las líneas enemigas, son un buen ejemplo de ello, pero también la defensa a toda costa de determinadas posiciones, o la protección de la retirada, como desempeñó con todo pundonor y heroísmo el Regimiento de Caballería de Alcántara tras la penosa jornada de Annual,  para sustraer los gruesos a la acción del enemigo, a costa del sacrificio de unos pocos. Suceso que acabamos de rememorar también en este mes de Julio y que constituye una de las expresiones más acertadas del concepto militar del valor.

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Lanzamiento paracaidistas

Y es que el miedo de ser un cobarde es el miedo del valiente. Eso lo sabemos muy bien los que nos hemos enfrentado al lanzamiento en paracaídas, cuando la mente te dice –“no lo hagas, ¿para qué?- pero el corazón te impulsa a no defraudar a los demás, a ser uno más. Con todo y con ello, no hay opción a decir –NO- porque cuando se abre la puerta del avión, estás alistado y se enciende  luz verde, no es una invitación a saltar, como si de una actividad deportiva se tratase. La luz verde significa “Imperativo de salto” Ya se sabe. Imperativo: deber, exigencia inexcusable. Me he valido de este ejemplo tan palpable, pero lo mismo podríamos aducir para la patrulla que está escalando una vía de montaña, la tripulación que ocupa sus puestos en un vehículo de combate  o el zapador que abre camino a base de explosivos por poner citar algunos otros envites.

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Unamuno y Millán-Astray

No, no se opone para nada el valor a la inteligencia por más que, torticeramente, se empeñen algunos en desdibujar el recurrente incidente protagonizado por el General Millán Astray, fundador de La Legión y el Rector de la Universidad de Salamanca, Miguel Unamuno, el día 12 de Octubre de 1936. Dos personajes singulares cada uno en lo suyo. Millán Astray había dejado jirones de su cuerpo al frente de sus legionarios en los campos de batalla. No era un hombre inculto, de hecho se había diplomado en Estado Mayor en un período en el que este diploma era accesible solo para unos pocos.  Pero se había distinguido por su culto al valor: “el morir en combate es el mayor honor dejó escrito en letras de oro a sus legionarios. Por su parte don Miguel Unamuno, se había sumado al Alzamiento Nacional sin ambages, lo que no le impidió criticar y denunciar, cuando vió motivo. Era desde luego un intelectual, pero no exento de valor. Unos días antes, el claustro de la Universidad de Salamanca bajo su rectorado había dirigido un “mensaje a las universidades y academias del mundo acerca de la guerra civil española” en la que trataba de “cómo la civilización cristiana occidental, constructora de Europa, está a punto de desaparecer a manos de un ideal oriental aniquilador” (Luis Togores, Millán Astray legionario, La esfera de los libros, 2003) ¿Les suena el discurso. Ha perdido actualidad?

Me es difícil pues comprender cómo pudo don Miguel en los primeros compases de aquel sangriento y fraternal conflicto pudo decir aquello de “Venceréis pero no convenceréis”. ¿Cómo se puede lanzar este mensaje a unos muchachos, lo más granado de la intelectualidad española que marchan voluntariamente al frente a dar testimonio de sus ideas con sus propias vidas? El resto ya lo conocen.

Aquel incidente, torticeramente interpretado como sostengo, ha servido sin duda para que la comisión de la memoria histórica establecida por el ayuntamiento de la capital en su afán revisionista, proponga la sustitución del nombre de una calle dedicada a la memoria de un gran soldado de España, el general Millán Astray, cuya lección de vida y servicio inspiró y sigue inspirando a los legionarios, por otro nombre “la inteligencia” oponiendo ésta al valor. No pueden en modo alguno molestar al propio general, que descansa en una sencilla sepultura en el Cementerio de La Almudena. Ofenden intencionadamente a los legionarios, a los que están en filas y a los que por cualquier motivo ya no forman en ellas pero sienten y viven La Legión como cosa propia, porque se ofende gratuitamente a su fundador.

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Adolfo Suárez

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La Legión camino de los cien años

Qué distinta interpretación la de esta “comisión” si la comparamos con alguien nada dado a veleidades histriónicas, un hombre que supo mirar al futuro aunar esfuerzos y superar diferencias.  Me estoy refiriendo al Presidente del Gobierno Adolfo Suárez quien, en una visita que nos hizo a los legionarios del 3ª Tercio de La Legión en Fuerteventura, el 23 de Abril de 1978, nos dirigió estas inteligentes palabras: “- Caballeros legionarios. Pienso que ese desprecio vuestro por la muerte es quizás el más bello canto de amor a la vida, a una vida libre, a una vida que se ofrece al servicio de los demás-“ Ya ven que diferente interpretación del grito “viva la muerte” por alguien que bien poco tenia de militarista y si una visión de futuro.  Claro, que para eso se requiere inteligencia, conocimiento, reflexión y no vesania y provocación a unos soldados cuyo único afán es prepararse para defender a España y a los españoles.

Adolfo Coloma

General de Brigada (R) del Ejército