A reclamar al Maestro armero

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Lo que su propio Honor y Espíritu…

Esta frase tuvo su origen en la reforma borbónica de los Ejércitos españoles, con la aparición del fusil como arma del soldado y la creación de la figura del Maestro Armero como especialista para el buen funcionamiento del  mismo. Al igual que ocurre con todo objeto novedoso, bien por sus iniciales imperfecciones o por desconocimiento del soldado, el fusil tenía frecuentes fallos que terminaban en continuas quejas del combatiente ante superiores y compañeros, los cuales, por desconocimiento o por hartura, remitían al quejoso al experto con la consabida frase: “A reclamar al Maestro Armero”.

Habitualmente son tantas las situaciones en que ante distintos problemas no se sabe a quien acudir, o bien quien debe atenderlos no quiere hacerlo o los responsables de tomar una decisión no se atreven a mojarse, que la susodicha frase se viene utilizando desde hace mucho para estos o similares acontecimientos.

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Siempre en combate

Ante la aplicación de la ya aburrida por denostada Ley de la Memoria Histórica, los valerosos y voluntariosos Antiguos Legionarios han ido a reclamar al Ayuntamiento de Madrid por su intención de retirar el nombre del General Millán Astray a una de sus calles. Lo han hecho con una fundada argumentación en busca de una comprensión que, sin duda,  no recibirán por parte de los sectarios y que, a mi juicio, resulta un tanto meliflua y poco enérgica, por lo que me temo que tampoco habría sido del agrado del Fundador de la Legión. (Se cuenta, no sé si fue real, que cuando el Ministro de la Guerra Azaña, en su ley anti militar suprimió, entre otras muchas cosas, una serie de condecoraciones ya concedidas, Millán Astray llevó personalmente al Ministro las que había obtenido y dejándolas sobre la mesa solicitó que se le devolvieran el ojo y el brazo perdidos en combate). Claro que puestos a querer ganar puntos en el Ayuntamiento, también se podría haber recordado a la comisión de expertos (?) que el General fue padrino de boda de Celia Gámez.

El caso es que con muy buenas palabras, foto de familia incluida, la respuesta no ha sido otra que “A reclamar al Maestro Armero”

Con tal contestación, los Antiguos Legionario, entre los que me honro estar como Legionario de Honor, nos encontramos como aquellos soldados del Rey Felipe V que en el momento crucial del combate se les estropeaba el fusil, teniendo que usarlo al final como maza mientras mascullaba: Y ahora, si vivo, “A reclamar al Maestro Armero”.

Pero antes de que llegaran estas dos ocasiones para mencionar la susodicha expresión, ha habido otra intervención, o no, en la que de no haberse utilizado la famosa y multiusos frase, posiblemente se habrían ahorrado las ya mencionadas en el caso concreto del General Millán Astray

Me refiero a la lenidad con la que han actuado  los máximos responsables ante  esta ley de la discordia con afán de enfrentamiento entre españoles, lo que ha permitido que sea aplicada con total falta de rigor y mero revanchismo.

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Veteranos Caballeros legionarios

Consecuencia de tal blandura es la decisión del Ayuntamiento de retirar del callejero madrileño nombres de personas y  organizaciones  que cumplieron con su deber, aunque fuera en la situación indeseable que enfrentó una mitad de los españoles  a la otra mitad, motivada  por el desmoronamiento palpable del Estado y que no debe repetirse.

Si nos fijamos en la deshonra que pretende realizar  el sectarismo municipal con la memoria de militares y Unidades, desconocidas desafortunadamente por la mayoría de los madrileños, resulta poco alentador que solo sea denunciada por particulares, como es este el caso, y por asociaciones de Veteranos  como la Hermandad de Antiguos Legionarios, División Azul y otras.

Sin lugar a dudas, la adopción de actitudes más firmes por parte de los poderes Ejecutivo y Legislativo y de los máximos responsables de las Fuerzas Armadas resultarían más eficaces y evitarían escenarios como los arriba expresados.

Para ello, les bastaría con limitarse a concatenar unos artículos de las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, redactadas y aprobadas por el Legislativo, después de corregir la propuesta por la Comisión castrense,  publicada como Real Decreto Ley por el Ejecutivo (Ministra de Defensa Chacón) y obligados a cumplirlas y hacerlas cumplir por los Mandos Militares. Con esa mínima redacción se puede presentar la argumentación oficial que desmontaría las pretensiones  municipales.

En esta dirección, si el militar tiene en consideración que debe: “Propiciar, con su actuación, que la justicia impere en las Fuerzas Armadas de tal modo que nada tenga que esperar del favor ni temer de la arbitrariedad”, no tiene que dudar en exponer abiertamente “los principios éticos y reglas de comportamiento definidos en las Reales Ordenanzas” en las que se expresa explícitamente que: “ La dignidad y los derechos inviolables de la persona son valores que tiene obligación de respetar y  derecho de exigir” y “en ningún caso los militares estarán sometidos ni someterán a otros a medidas que supongan menoscabo de la dignidad personal o limitación indebida de sus derechos”.

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Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas

 Por las premisas expresadas en el párrafo anterior, recogidas en las Reales Ordenanzas que a todos obligan, no parece que sea lo más adecuado la falta de una respuesta, equilibrada y con igual publicidad, del Mando a la  intención del Ayuntamiento madrileño de agraviar injustamente  el artículo 21  de las mismas que señala claramente que: “Los miembros de las Fuerzas Armadas se sentirán herederos y depositarios de la tradición militar española. El homenaje a los héroes que la forjaron y a todos los que entregaron su vida por España es un deber de gratitud y un motivo de estímulo para la continuación de su obra”.

 Por lo tanto, se hace necesario que por los cauces establecidos o por su propio honor y espíritu,  la Institución  Militar actúe con decisión  ante la agresión a su Código de Conducta y no se limite a utilizar, ante la situación provocada, la consabida respuesta de:

“LAS   RECLAMACIONES AL MAESTRO ARMERO”

 Emilio Pérez Alamán Teniente General (R)