LA HORA DE LA VERDAD

atentados_en_paris_9-Noticia-718348Hace poco más de 48 horas aquellos que se preguntaban si el DAESH volvería a actuar en suelo europeo han tenido la más terrible y contundente de las respuestas. Y de nuevo, a los  que aún  se preguntan si volverá a ocurrir, hay que responderles de la misma manera: sí, sin duda alguna. La pregunta no es si volverá  a ocurrir, sino dónde y cuándo, y esa es la mayor preocupación de todos los servicios de inteligencia.

El despiadado ataque del viernes no es sino una acción más de la guerra que se está librando porque, aunque aún haya quien se niegue a admitirlo, quién sienta aversión a pronunciar esa maldita palabra, esa es la dura realidad, estamos en guerra, una guerra que no hemos elegido nosotros, pero que tenemos aquí, y negarlo no va a cambiar la realidad.abc.750

La gran mayoría de la sociedad entiende el concepto de guerra como la confrontación de dos o más ejércitos, con grandes enfrentamientos, batallas, etc. Pero la forma de hacer la guerra ha evolucionado, los actores ya no están tan claramente definidos como antaño, y si echamos un vistazo a nuestro alrededor, nos daremos cuenta de que durante los últimos 20 años, los conflictos que podrían encajar en la concepción clásica de la “guerra” se pueden contar con los dedos de una mano y aún nos sobrará alguno. La gran diferencia es que en esta ocasión nuestro enemigo ha llevado la lucha a nuestro territorio, una lucha en la que aplica métodos brutales, no convencionales, pero es su forma de entender la guerra y hemos de adaptarnos o sucumbir.

Hay quien todavía se empeña en culpar de esta situación a las intervenciones de los países occidentales en Irak, Afganistán, Libia o Siria. Es más, incluso hay quien, en el colmo de la estulticia, culpa de la situación que afrontamos a la sustitución del principio de no injerencia por el de injerencia humanitaria. Y nada más lejos de la realidad. Si consideramos Al Qaeda como precursora de la idea del Califato y al DAESH como heredero a la hora de recoger esa aspiración y tratar de materializarla, veremos que su existencia es muy anterior a todas esas intervenciones mencionadas. Por lo que lo primero que se ha de comprender es que a pesar de los errores cometidos por occidente, que los hay y muchos, no somos responsables de lo que está ocurriendo. Hay que parar esa espiral de autoinculpación que va tan en la  línea de  esa sociedad “buenista”  que hemos creado.05462588_xl El segundo concepto a entender es  quién nos ataca, cuáles son sus motivos y cuál  su objetivo. Y aquí, de nuevo, no se puede ser políticamente correcto.  Esto no es una guerra de religiones, hasta ahí podemos estar  de acuerdo, pero los motivos que han llevado a nuestro enemigo a declararnos la guerra sí son religiosos. Es su concepción de la religión la que motiva sus acciones;  es su visión de una sociedad totalmente subyugada y regida por sus principios religiosos lo que les lleva a la lucha contra todos aquellos que no comparten dicha visión. Es en definitiva su concepción de la civilización. Esto no es más que una guerra de civilizaciones. Simple y llanamente una más de las decenas que ha afrontado la humanidad a lo largo de su historia.

Ayer mismo, el Santo Padre,  cuando habló sobre los ataques del viernes hizo uso del  término “Guerra Mundial”. Y ello es un gran paso, porque es fundamental entender que estamos ante una confrontación Mundial o Global. Nadie que no comparta la visión del DAESH está a salvo de convertirse en su objetivo. Es más, tarde o temprano lo será.atentados-paris-francia

Pero una vez aceptada la situación e identificado a nuestro enemigo hay que ponerse manos a la obra. Y de nuevo nos encontramos con el problema del “buenismo”, pues  para combatirlos eficazmente serán necesarias una implicación a la que nadie actualmente  está dispuesto, y una determinación que hoy por hoy nadie tiene, pues aún con las víctimas del ataque en el suelo hay quien continua negando la realidad, sabiendo, eso sí, que  ni aun dándose ambos supuestos lograremos atajar el desafío concreto a nuestra seguridad.

Hay que aceptar que la lucha será larga y que nunca lograremos la seguridad completa, que nos golpearán y que sufriremos bajas.  Pero eso no debe de frenarnos. El miedo es el mayor enemigo de la libertad, y no podemos dejar que nos atenace.

Hemos de ser proactivos. Solo  así conseguiremos lograr  romper el ciclo de decisión” de nuestro adversario. De ese modo, recuperaremos la iniciativa y nuestras decisiones y acciones no estarán condicionadas por las del enemigo. En realidad, el arte de la guerra trata básicamente de eso.  Y algo de lo que debemos ser conscientes es de que  por ahora somos nosotros, occidente, quien ocupa posiciones defensivas, y eso nunca es positivo.

imagesPero si queremos tener éxito, hay algo de lo que no podemos prescindir, un principio básico sin el cual no podemos seguir adelante: la voluntad de vencer. Sin ella jamás lograremos nada. Eso sí, si declaramos esta firme e indispensable intención, y eso es algo que en el presente caso debemos hacer todos como sociedad, hemos de ser conscientes de que debemos de estar dispuestos a asumir todo lo que ello conlleva, pues no será una tarea exenta de esfuerzo y  sacrificio. La Historia nos enseña que las guerras sólo acaban cuando una de las partes enfrentadas es aniquilada o forzada a rendirse, y conseguir esa rendición suele llevar aparejado un uso determinante de la fuerza. Es mucho o que está en juego.

Y este principio básico es tanto más importante cuando nos fijamos con atención en nuestro enemigo y descubrimos unas connotaciones desconocidas hasta ahora. Tomemos como ejemplo la 2ª Guerra Mundial. La contienda solo finalizó cuando los aliados forzaron a la Alemania nazi primero, y al Imperio Japonés después, a capitular. Ambos eran unos enemigos formidables, con unos ejércitos bien preparados y armados,  compuestos por millones de hombres dispuestos a dar su vida por sus respectivos países. Eso es algo fuera de toda duda. Pero fijémonos en el término  empleado, “dispuestos a dar la vida”.

La gran diferencia con nuestro actual enemigo, peor preparado, peor armado y menor en número es que éste, por el contrario, no está dispuesto a morir, quiere morir. Su último objetivo es morir por Alá. Amenazar o mostrar nuestra disposición a hacer realidad esa aspiración no es para ellos sino un refuerzo positivo a sus acciones y su lucha. Este es un factor clave que debemos tener muy presente a la hora de afrontar nuestra lucha.

Ellos  buscan la muerte y así lo ha manifestado en algún comunicado: “vosotros amáis tanto vuestra vida como nosotros la muerte”. Pero esa determinación, si bien temible y preocupante, puede ser una debilidad, porque no deja de ser una opción personal, tomada por el individuo, que busca su propia gloria, entendida ésta como salvación desde un punto de vista religioso, tan acentuado que  es la base de su lucha, que en cualquier momento puede anteponerse  a la consecución de los objetivos colectivos, y una guerra no se puede ganar sin una arraigada cohesión y sentido de la colectividad, sin unidades cohesionadas que actúen sin dejar margen a las individualidades.article-2317792-0316D5F10000044D-55_634x470-634x357

Se hace imprescindible retomar la idea de la deslegitimación de la yihad como método eficaz de lucha contra aquellos que aún no han dado el paso a la lucha armada. Esa es una parte incuestionablemente fundamental en esta guerra, en el frente doméstico, donde sólo atacando a la base de la justificación moral que dan a su lucha se puede revertir, en cierto modo, ese proceso de radicalización o  evitar que llegue a su culminación.

Es en ese momento cuando tenemos la oportunidad de ser proactivos, de llevar la iniciativa y de marcar realmente la estrategia a seguir, no siendo además necesario identificar a los elementos de mayor riesgo, pues la audiencia objetivo de nuestras acciones habrá de ser la mayor masa posible de individuos potencialmente proclives a la radicalización. Y todo esto no debe verse como una generalización, sino como una forma incluso de proteger a esa mayoría que jamás se planteará dar ese paso.

militares_otraA nada lleva  ser alarmista, pero la realidad es la que es, y no aceptarla o no afrontarla no va a evitar que sigan golpeándonos como el pasado viernes. El enemigo está aquí, ha venido para quedarse y no está dispuesto a renunciar a sus objetivos. Durante mucho tiempo nuestra sociedad se ha acostumbrado a vivir en paz, a no tener que luchar por mantener su comodidad, pensando tal vez que eso era algo que venía de suyo, sin caer en la cuenta de los enormes sacrificios que antes otros hubieron de hacer para dejarnos ese legado. Y ahora ha llegado el momento en que nos toca hacer nuestra aportación para dejar a las generaciones venideras algo mejor la libertad y la dignidad que heredamos. Y no importará que nos escondamos o miremos hacia otro lado, solo está en juego ya decidir a qué distancia de la puerta de nuestra casa lucharemos por mantener lo que tenemos. Y aún podemos tomar la iniciativa de combatir a nuestro enemigo donde nosotros decidamos o resignarnos a que él lo haga.

Como sociedad hemos dedicado mucho tiempo  a ceder y a hacer concesiones ignorando la realidad, creyendo que las buenas palabras y la política lo arreglarían todo. Sin embargo, desgraciadamente nunca fueron tan actuales como ahora las palabras de Churchill: “ Os dieron a elegir entre el deshonor y la guerra, elegisteis el deshonor, y ahora tendréis el deshonor y la guerra”.images (1)

Comandante Lucas Martín Serrano