JURAMENTOS Y PROMESAS General de División (R.) Juan Chicharro Ortega

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¿Juramento o promesa?

Constituidas las Cortes y formado, por fin, un Gobierno, asistimos ahora al proceso por el que tanto diputados, senadores y ministros materializan formalmente la asunción de sus cargos, mediante la fórmula legal de jurar, o prometer, guardar y hacer guardar la Constitución. Es un acto sencillo pero que dada la variopinta concurrencia de hoy en las Cortes, y demás circunstancias, se ha convertido en un sarao de ocurrencias más acordes con un esperpento que con la seriedad que requiere la situación. Así unos juran por esto, otros prometen por imperativo de aquello, etc.

La cuestión en sí es baladí, pues, en cualquier caso, nadie o casi nadie piensa realmente cumplir nada que vaya en contra de sus intereses por lo que, al menos para mí, todo esto supone una pérdida de tiempo y una tomadura de pelo.

Pero, vayamos por partes.

juramento-2Jurar significa poner a Dios por testigo de lo que uno está dispuesto a cumplir. Es un hecho que demuestra de una parte que el jurando es creyente cristiano y de otra la relevancia que se da a lo que se jura.

Prometer por su honor no supone de ninguna manera que el que promete no sea creyente pues puede darse la circunstancia de que sí lo sea, pero que no quiera meter a Dios en estos asuntos y de otra parte cuando se compromete uno por su honor la relevancia de lo prometido no desmerece para nada del juramento. Al fin y al cabo el honor  ilumina el camino de las acciones dignas en el que resplandecen la integridad, la rectitud y la nobleza.

En España el sentido del honor tiene una gran tradición y su cultivo ha sido objeto de veneración siempre como podemos siquiera observar en nuestros clásicos. Y si de juramentos hablamos ¿qué decir? si hasta de la propia historia nos llegan aún los ecos de la de Santa Gadea cuando Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid, obligó a Alfonso VI, rey de Castilla y de León, a jurar que no había tomado parte en el asesinato de su propio hermano, el rey Sancho II.

En definitiva Jurar o prometer por su honor tanto monta o monta tanto; lo malo o perverso de lo que vemos es que se jura o se promete a sabiendas de que no se va a cumplir y es algo que vemos todos los días.

A ver, vemos en estos momentos que la Generalitat de Catalunya y la Asamblea catalana se encuentran en abierta rebeldía contra la Constitución y contra la nación española. ¿Dónde están los que han jurado hacer guardar la Constitución? ¿A qué esperan? ¡Ah! Que es cuestión de prudencia política. Vale, pero entonces dejémonos de parafernalias inútiles.

Otro ejemplo: el artículo 4.2 del Título Preliminar de la Constitución dice: “Los Estatutos podrán reconocer banderas y enseñas propias de las CCAA. Estas se utilizarán junto a la Bandera de España en edificios públicos y actos oficiales”.

Como bien sabe cualquiera que esté atento a lo que sucede en Cataluña y en el País Vasco el incumplimiento de lo estipulado es flagrante; incluso cuando la última toma de posesión del Presidente de la Generalitat se ocultó ostentosamente el cuadro de S. M. el Rey y no estaba presente la Bandera de España como era preceptivo por Ley. Sí esto no es incumplir la Constitución ya me dirán Vds. que es.

Por cierto, y sin hacer juicios de valor, en el ya citado Acto Oficial estaban presentes un Ministro del Gobierno y la Autoridad Militar de la Plaza tan panchos ellos como si la cosa no fuera tal cual fue.juramento-5

Y reitero mi pregunta anterior: ¿Dónde están los que han jurado hacer guardar la Constitución?

Francamente todo esto es bochornoso y creo de verdad que sería más honrado evitar el paripé de juramentos y promesas que luego nadie cumple.

Y son tan sólo dos ejemplos los que he puesto pero créanme que hay muchos más, la lista es larga.

Yo propondría eliminar esta fórmula como  precepto en la toma de cargos y responsabilidades. Al menos evitaríamos más de un cargo de conciencia a alguno que otro.

Y puestos a ello yo matizaría, según como se desarrollen los acontecimientos, también la fórmula de juramento a la Bandera por lo que en ella se manifiesta respecto a la integridad territorial y  ordenamiento constitucional, puesto que tal y como veo yo el devenir de lo que vemos, los ejércitos no parece que respondan ya a su vinculación con la Patria como Institución sino como una simple parte de la administración del Estado. En ese caso ¿por qué obligar a nuestros soldados a jurar o prometer algo que no va a depender de ellos el que se pueda o no cumplir?

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La Bandera acoge a nuestros soldados después de su Juramento

General de División de Infantería de Marina (R.) Juan Chicharro Ortega

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13 pensamientos en “JURAMENTOS Y PROMESAS General de División (R.) Juan Chicharro Ortega

  1. General de División (R.) Juan Chicharro Ortega, con el debido respeto: estoy totalmente en desacuerdo con usted y aun me estoy planteando si es ironía lo que encierran sus palabras.
    Mi propuesta es que se exija como condición “sine qua non” la fórmula del juramento, sin añadidos ni coletillas, y que se pida cuenta a todos del cumplimiento de la Ley (especialmente a los cargos públicos que por su condición de tales han de ser ejemplo en cumplir y hacer cumplir).
    Para el caso que se vulnere el juramento debería existir un procedimiento tasado de destitución que debería recaer en un Tribunal Supremo, elegido por escalafón, independiente de partidos y familias, y vitalicio. Además la jura de bandera civil debería ser obligatoria a la mayoría de edad para adquirir plenos derechos civiles, y el servicio militar también (salvo los casos de verdadera objeción de conciencia).
    Y sí, la jura de la bandera sirve para una cosa: para posibilitar y para compeler u obligar cuanto en Derecho sea menester a la rebelión Nacional contra la tiranía (quienquiera que en cada momento pueda ejercerla en detrimento de la soberanía del Pueblo Español).
    ¡Abajo la tiranía! ¡¡Arriba ESPAÑA!!

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  2. Muy oportuno el articulo del general,que en forma mixta(foto y texto)ya ha circulado en whattapp.El problema esta en la promocion de profanos para especialistas,tanto en la cupula europea como nacionales;vease cuando los refugiados ,no se hacia caso a los jefes de contrainteligencia(como el otro dia confirmaba uno de ellos en un coloquio),al decir que “mucho de lo que sucede fuera de la UE va en su perjuicio”.Y que decir de aqui,donde salvo la gente honrada y preparada no necesita tantos asesores como los inutiles que proliferan.Hablarles de honor ,palabra ,juramentos es como explicarle logaritmos a un gato.

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  3. Una vez más mi general completamente de acuerdo con tus certeras consideraciones, aunque obviamente no comparto la idea de que la solución sea suprimir el juramento.
    Algo que sin duda debe interpretarse -así lo he hecho yo- con la fina ironía que rezuma el texto, leyéndolo entre líneas.
    La esencia del problema, el verdadero quid de la cuestión, lo “bordó” el gran Vizcaíno Casas en su libro “Las Autonosuyas”….. “En España, desde 1975, los solemnes juramentos públicos no sirven para nada”.

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  4. Mi General con ironía o sin ella no negaré la parte de razón que esgrime D.Celedonio, por lo que se ve nada hay legislado en el Congreso sobre estos juramentos, promesas o por imperativo legal.

    Pero en cualquier caso y lo cierto que la formula que se use, se la pasan por el forro y eso si debería estar previsto hasta penalmente.

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  5. Don Juan, releído que he su aportación, deseo abundar en la petición de excusas, pues la ironía es finísima y muy oportuna. Se conoce que a la hora de mi intervención aun no estaban mis neuronas bien coordinadas. Lo arreglaré aumentando la cafeína en el desayuno. Enhorabuena por su escrito.

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  6. Por lo que he observado ante la Administración pública y otros poderes del Estado, la inmensa mayoría al ofrecérsele la fórmula de “jurar o prometer”, o se encogen de hombros o improvisan la decisión, sin que se sientan mas o menos comprometidos por una u otra fórmula.

    Lo cierto es que el juramento o promesa carece de escasa fuerza de convicción a quien lo hace, y no digamos para quien lo recibe.

    En la Edad Media, el juramento de lealtad del caballero, como el del samurai, generaba un vínculo inquebrantable. No importaban los castigos terrenales ni las condenas o suplicios: lo terrible era incumplir la palabra dada.

    Hubo un tiempo en que la palabra dada tenía tanto valor como un papel firmado,
    se sellaban acuerdos con un apretón de manos. Muchas personas hoy siguen viviendo con ese mismo respeto a su palabra, asumen que si se han comprometido a algo, su obligación moral es cumplirlo.

    No querer aceptar una responsabilidad no transmite mucha seguridad, suele ir seguido de poca implicación y eso es algo que no deseamos para nuestro emprendimiento.

    Hoy día, visto lo visto, el juramento o promesa de la autoridad o cargo público se lo lleva el viento si alguien se tropieza con algún Corleone que “le hace una oferta que no puede rechazar” o si la codicia le empuja a la corrupción.

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  7. Jurar, prometer; por conciencia, por honor. Grandes y bellas palabras, pero ¿y los actos posteriores a pronunciarlas? ¿son acordes?.
    Quiero a mi pais y defendí su postura sin necesidad de juramento o promesa. Y ahí “me duele”: Se “me permitió” la defensa; no así “el ataque”

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  8. En mi familia todos hemos jurado fidelidad a nuestra bandera, símbolo de la patria, tanto los que hemos prestado servicio militar como nuestras esposas. Los que voluntariamente quieren ser militares deben hacer ese juramento y si no que se dediquen a otra cosa. ¡ Viva España !, y como dice Celedonio Perea ¡ Arriba España ! porque hay que levantarla.

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  9. El juramento que sale de boca de un blasfemo no tiene la menor importancia, jurar en vano no cuesta nada, y es así que nos van las cosas en esta España de ahora; que en la de ayer también se juraba en vano, sólo que ahora se ve como una cosa normal, antes, eso era más sagrado y como tal se entrañaba de una forma más honrosa. Ahí se pueden ir diferenciando los valores de las épocas tan cercanas en el tiempo y tan distantes en las mentalidades que nos ofuscamos y confundimos al mismo tiempo.

    A Jesús crucificaron
    ——————————————–
    A Jesús crucificaron
    Porque quiso defender
    A los que son atropellados
    Por el perverso poder.

    Que tienen los potentados,
    Hoy, mañana y ayer.
    Ese poder despiadado,
    Y ahora se burlan de él.

    Los mismos que le mataron
    Van a la Iglesia también,
    Quieren borrar su pecado,
    En el templo se hacen ver.

    Con su imagen de modosos
    Van fingiendo amar a Dios,
    Falso fervor religioso
    Y el mismo demonio son.

    Si Jesús se levantara
    Y viniera a señalar
    Otra vez lo crucificaran
    Muchos que a la Iglesia van.

    Y otros que nunca fueron
    Lo adorarían, tal vez,
    Los que por Jesús murieron,
    Los que saben padecer.

    Los que pierden por las ganancias
    De los que están sobre él
    Por la maldita arrogancia
    Que dispuso Lucifer.

    Aquí no hay ricos ni pobres,
    Porque Dios todo lo es,
    Quien usa en falso su nombre
    Paga antes o después.

    A la Iglesia van los judas
    Revueltos con los decentes,
    ¡ Y sin lugar a dudas
    Lo matarían nuevamente !

    Autor. Ramón Lencero Nieto

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  10. Estimado señor Don Celedonio Perea, usted habla, sin duda alguna, de lo que debiera de ser un país serio, pero la España de hoy no lo es. Por eso sí, creo modestamente yo que el General tiene razón.

    Solo un detalle mi General: Yo diría que la mayoría de ellos ni juran por Dios ni prometen por su honor (ignoro si porque desconocen ambos valores o porque los temen a sabiendas de que no van a cumplir bien y fielmente), simplemente prometen, uno no sabe por qué o por quién. Así todo queda en esa indigna indefinición relativista, tan del gusto de la clase política de hoy.

    Gracias por su acostumbrada valentía al denunciar los desmanes de quienes dirigen esta sociedad sin tino ni destino.

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